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ENTREVISTA CON SANTIAGO SIERRA

por Catalina Restrepo Leongómez

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"No importa si en tu celda se está mejor que en la del pasillo de al lado, estás en una cárcel igual. Ningún miembro de la sociedad puede ser libre si no lo son todos."


Catalina Restrepo: Con todo y lo controversial que puede llegar a ser tu obra, te has ganado un puesto muy merecido dentro de la historia del arte. ¿Cómo percibes la lectura de tu trabajo en el público especializado y no especializado en el arte?


Santiago Sierra: Siempre fueron lecturas polarizadas que van del blanco al negro con escasos tonos intermedios. Decía mi colega la artista Pilar Villela que mi trabajo es un veneno rápido y un bálsamo lento. En efecto las primeras lecturas ante un nuevo trabajo mío y me refiero a las primeras en publicarse suelen ser reacciones viscerales, punitivas y las lecturas más sobrias vienen luego poco a poco. A veces mi trabajo es tomado como una sucesión de escándalos lucrativos y otras como un valioso testimonio de nuestro tiempo. Tal vez no sea tanto mi obra sino nuestra sociedad el elemento de polarización. Nuestro público es muy diverso y no lo es sólo por su nivel de especialización, sino ante todo por su posición en la jugada. No sólo nos visitan desde la universidad, también y sobre todo desde los grupos sociales más favorecidos y a estos últimos no les agrada según qué cosas.


10€. PAC Padiglione d'Arte Cotemporanea, 2017

Catalina: El arte político siempre es urgente porque siembra reflexiones y posturas críticas, pero ¿Crees que pueda llegar a cambiar de manera tangible una sociedad, una estructura o sistema de poder?


Santiago: Siempre he dicho que poco puede hacer un cuadro frente a la bomba atómica. Matar es más eficiente que seducir, pero eso no hace nuestra actividad carente de capacidad de actuación. El arte es poderoso a su manera o qué sería del Papa de Roma sin su basílica de San Pedro. En cualquier caso lo único que cambiará el mundo, si acaso cambia un día, será la auto organización de la sociedad, toda la sociedad, también los artistas.


Catalina: Hay quienes te visualizan como un artista que está dispuesto a personificar los mismos mecanismos que utiliza “el mal” (o lo que está mal en la sociedad) para lograr un impacto, un rechazo, una postura crítica en las personas. A veces ese rechazo se dirige a la problemática que abordas con cada proyecto y otras, se dirige a ti como responsable de la acción que sucede en ellos. Me imagino que es algo que tienes que enfrentar constantemente, ¿No? ¿Qué dirías al respecto?


Santiago: La idea es repetir el mal en dosis homeopáticas y darle luego toda la fuerza estética al acto, dotarlo de intensidad. Hacer de la nimiedad de masturbarse o meterse en una caja un acto inaceptable. La obra de arte se produce en la cabeza del espectador, así que procuro no calmarle. Privarle de su final feliz. Me gusta este método porque en realidad no ocurre nada a este lado de la realidad o no mucho. Todo está en la mente del observador. Es una metodología criticable, cómo no, pero muy efectiva. Una manera de poner temas en la mesa y hacer imposible ignorarlos. Por otra parte, lo que no me gusta de los artistas que tratan dramas sociales o políticos es que el artista siempre se salva y se muestra a sí mismo como libre de mácula, casi como mesías. El ejemplo más atroz y sospechoso lo ofrece Bono, el cantante de U2. Yo prefiero dejar claro que no estoy hablando desde la santidad.

"Un día los millonarios descubrieron cómo dejar de ser llamados explotadores y se hicieron coleccionistas."

Catalina: Las personas que conforman tus proyectos, vienen de unas realidades muy duras, las cuales presentas en tus proyectos de una manera fría y cruel, como lo es el sistema mismo al que aludes. Tú, ya no como artista sino como persona ¿Te llegas a conmover? ¿Has logrado establecer algún tipo de relación con las personas que acceden a participar en tus proyectos, más allá de un contrato laboral, una vez concluidos?


Santiago: No me gusta hablar de mis sentimientos, tampoco de mí o de lo que sucede en bambalinas con mis proyectos, prefiero verme a mí mismo como un narrador omnisciente del siglo XXI.


Catalina: Se caracteriza esta última década por el crecimiento exponencial en el número de millonarios en el mundo. Esto incide directamente en el mercado del arte, las instituciones y las cúpulas de poder; un efecto que se deja ver en la pululación de museos privados y mega galerías, en contraste con las instituciones públicas que tienen presupuestos raquíticos. Tú, que abiertamente has hecho pública tu postura crítica frente las esferas de poder dentro de este campo profesional ¿Qué opinión tienes sobre el panorama actual?


Santiago: Un día los millonarios descubrieron cómo dejar de ser llamados explotadores y se hicieron coleccionistas. Ahora son considerados protectores de las artes, benefactores, gente sofisticada y de mundo. Fotografiables y admirables. Se lo contaron a sus amigos millonarios y muy pronto el mundo se llenó de ferias de arte y galerías. Y esa es la historia del arte del siglo XXI.


7 Forms of 60 × 60 × 600 cm. Each Constructed to Be Supported Perpendicular to a Wall, 2010

Catalina: Al inicio de tu carrera, empezaste haciendo referencia al trabajo y últimamente, se ha acercado mucho al tema de los presos y los migrantes. No es un secreto que, en muchos países, una de las formas de sacar mano de obra barata es a través de la encarcelación injusta de personas —por lo general migrantes y minorías— para usarlas como fuerza de trabajo. ¿Crees posible que esa distorsión del concepto trabajo en encarcelamiento se haya visto reflejada en la evolución misma de tu trabajo?


Santiago: La sociedad entera está compuesta por presos. El trabajo es la verdadera dictadura y la cárcel más cotidiana. Se diferencia en que al final del día vuelves a la celda que tu mismo te pagas trabajando. La cárcel con rejas es la forma laboral más extrema, como lo son la prostitución o el ejército. Todos vivimos recluidos en un sistema injusto, cruel y desigual en sus oportunidades. El mundo es un gigantesco panóptico con carceleros y presos. Nuestra sociedad es un ámbito de convivencia insalubre. No importa si en tu celda se está mejor que en la del pasillo de al lado, estás en una cárcel igual. Ningún miembro de la sociedad puede ser libre si no lo son todos. La libertad es para todos o para nadie. En realidad, te estoy respondiendo con frases que encontrarás escritas en cualquier excusado del panóptico. Las cárceles, todas, son una infamia inaceptable.


Catalina: Por último, cuéntanos un poco sobre los proyectos que tienes en puerta.


Santiago: En mayo expondré mis últimos trabajos con Helga de Alvear en Madrid y en noviembre en la galería Labor presentaremos el resultado de una obra procesual realizada durante un año en ciudad de México. Estamos también trabajando con proyectos nuevos en Tijuana y Nueva Delhi. Y en quemar al Rey de España, esperamos poderlo quemar en menos de un año.


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