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ENTREVISTA CON NICOLÁS PARÍS

Por Gloria Cárdenas

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Ser profesor en un contexto rural muy diferente al entorno urbano en el que crecí, me planteó la responsabilidad de no repetir mi historia con estos estudiantes.

Esta conversación sucedió mientras Nicolás se encontraba en España trabajando en un proyecto que lleva mucho tiempo soñando. Por un lado porque es parte de su relación con una galería, por otro, porque es un proyecto que no necesariamente terminará en el ámbito comercial del arte. La galería Elba Benítez en Madrid decidió apoyar esta investigación entre arte y educación en donde, como parte del programa académico del colegio Fuhem Lourdes en Madrid, por medio de talleres, diálogos y encuentros con profesores y alumnos de bachillerato se pretende generar algo que en palabras de Nicolás “pudiera ser un anti manual para educadores”.


Recién había llegado de Amsterdam, donde participó con una instalación en la exposición colectiva “An Unstoppable Force” en el CoBrA Museum of Modern Art. En esta exposición, piezas de artistas contemporáneos están en diálogo con piezas de la postguerra del movimiento CoBrA donde los artistas se revelaban contra el racionalismo y trataban de recuperar el poder inmediato de la niñez (entendiendo la niñez como una actitud, no sólo como una etapa de vida). La pieza de Nicolás está en diálogo con otros elementos arquitectónicos y museográficos; de alguna forma crea un espacio para que sucedan talleres desarrollados en diálogo con el departamento de educación del museo y que se estarán replicando durante la exposición.


Al mismo tiempo, en Guadalajara, en Ladera Oeste exponía parte de su trabajo como aprendiz de panadería en el barrio de Santa Tere en la Panadería del Río. La exposición no fue un registro de su experiencia en la panadería, sino un punto de partida para la reflexión donde quien la visitaba encontraría rastros de lo que fue su experiencia y una condensación de sus días como panadero.

Para conocer un poco más sobre el trabajo de Nicolás, esta entrevista pretende conocer sus inicios como artista, entender su fascinación por la educación (los procesos de aprendizaje), conocer sobre su material de trabajo, su opinión sobre los modelos educativos y sus planes a futuro.



Gloria Cárdenas: Después de estudiar arquitectura, decides incursionar al arte contemporáneo. ¿Qué te hace tomar esta decisión? ¿Qué te hace click para tomar la decisión de incursionar y cómo fueron tus inicios?


Nicolás Paris: La historia es un poco larga. Efectivamente decidí entrar a estudiar arquitectura a la universidad, sin embargo, no terminé. En el año 1999 (a mitad del proceso) decidí aplicar a un trabajo para ser profesor en una escuela rural en Colombia donde el estado no tenía profesores. Era en el municipio de La Macarena, una zona muy especial (desde mi punto de vista) ya que en ese entonces era un poco mítica para mí. Como parte de un programa que cubría estas plazas con estudiantes universitarios estuve trabajando como profesor de escuela rural a partir de los 22 años sin ningún entrenamiento previo como profesor. Era una escuela pequeñita, de alrededor de 15 estudiantes. Era parte del modelo educativo de escuela rural en Colombia que se llamaba “Escuela Nueva” en donde un profesor está con estudiantes de diferentes edades y diferentes niveles académicos en una misma aula. Fue una experiencia de prueba y error constante donde buscaba poder avanzar en el hueco educativo que habían tenido estos estudiantes ya que no habían tenido profesor por un par de años. Fue una experiencia muy poderosa. Encontré varias cosas que aún hoy en día sigo investigando.


Después de un año de estar ahí, tuve que salir de la zona por razones políticas y sociales. No pude permanecer más tiempo, regresé a Bogotá (ciudad donde crecí) y hubo algo que me hizo corto circuito. Un poco en contra de las expectativas de mis padres y personas cercanas, decidí no regresar a la universidad y tratando de engranar y explorar mis intereses, decidí llevar a cabo mi propio proceso de aprendizaje. Seguí trabajando en la educación. Un buen tiempo trabajé en una panadería (me interesa mucho el pan, la idea del oficio). Hice algunos proyectos chicos de remodelación y adecuación de espacios arquitectónicos con amigos arquitectos. Fueron pasando los años, hice otros proyectos educativos más complejos y al final de ese periodo me volví a encontrar con la organización con la cual había trabajado como profesor y me invitaron a presentarme a una convocatoria para desarrollar un proyecto volviendo a la misma zona. El proyecto planteaba, más que ir a ser profesor, conformar un grupo de investigación que formulara el modelo educativo del municipio de La Macarena. Este municipio queda en el Meta, una zona del país muy potente porque ahí confluyen la Orinoquía, la Amazonía y los Andes. Al cambio de gobierno, Colombia experimentaba una situación diferente en cuanto al orden político y social. La idea era regresar a la zona a desarrollar un modelo educativo que tuviera énfasis en la conservación y turismo (ya que es un parque natural). Nos presentamos a la convocatoria, aceptaron nuestro proyecto y lo hicieron parte del programa. Regresé a la zona y estuve desarrollando allá durante cuatro años el modelo educativo del municipio.



Cuando estaba terminando este proyecto, me puse a pensar cuál sería el siguiente paso. Iba a cumplir 30 años y llegue a la conclusión que por mi personalidad no quería seguir trabajando en lo mismo; quería cambiar de estructura pero seguir con la misma investigación. Así fue como muy conscientemente decidí pasar al arte contemporáneo, donde siempre he dicho es un buen lugar para engranar mis intereses. Empecé a presentarme a convocatorias, a armar un portafolio y a hacer proyectos de arte tratando de traducir y condensar las estrategias de mi trabajo en el municipio de La Macarena. Ya llevo once años como artista, y las investigaciones que hago ahora (mis ejes de trabajo) parten de esas experiencias en un salón de clase; son una continuación de esta experiencia donde los estudiantes trataban de aprender a leer y escribir y yo trataba de aprender a ser profesor. Ser profesor ha sido mi mayor influencia y tal vez también es mi mayor anhelo.


GC: Siguiendo en esta línea de tus inicios en el arte contemporáneo, ¿qué has tenido que desaprender de lo que inicialmente te dio tu educación para poder tener esta sensibilidad a crear, re aprender o re imaginar conceptos?


NP: Yo tuve una formación muy latinoamericana, tradicional, católica, basada en referentes externos. Ser profesor en un contexto rural muy diferente al entorno urbano en el que crecí, me planteó la responsabilidad de no repetir mi historia con estos estudiantes. La mejor forma de adaptarme a esta nueva historia fue intentar desaprender.


Por ejemplo, cuando llegué al salón de clase había un grupo de chicos mayores que ya sabían algo sobre como leer y escribir. Para fortalecer su proceso de aprendizaje, tuve que tener en cuenta que el proceso tenía que ser divertido y ágil y tenía que servir al mismo tiempo con estudiantes de diferentes niveles académicos. No debía repetir el proceso con el cual yo aprendí a leer y escribir. Yo había aprendido primero a memorizar la letra, el signo o el símbolo, luego con el tiempo a empezar a juntar esos símbolos y sonidos de las letras para formar sílabas, después palabras, frases, oraciones y párrafos para con el tiempo aprender a narrar. Estando de profesor, pensé que la humanidad había aprendido al contrario; primero tuvo una experiencia, después la compartió con sus pares, la condensó a representaciones gráficas y con el tiempo (a diferentes velocidades y de diferentes maneras, con diferentes exploraciones), esa representación gráfica, lentamente se fue transformando o condensando hacia el alfabeto. Pensé que si así había aprendido la humanidad, el proceso de aprendizaje de un niño podría ser el fractal de ese proceso. Empecé a desaprender con ellos el aprendizaje basado en la memoria y a desarrollar un aprendizaje basado en la asociación tratando de llevar al salón de clases el proceso de aprendizaje de la humanidad. Aprender a leer y escribir fue un proceso basado en la experiencia, en la narración, en la representación gráfica o dibujo. A la velocidad de aprendizaje de cada estudiante se iba condensando esa representación gráfica hasta llegar al alfabeto.



Así fueron el tipo de experimentos que intenté hacer como profesor; dando la vuelta a los métodos y tratando de desarrollar sistemas de pensamiento colectivos para desaprender o ir en reversa. Asumir los trabajos desde este punto de vista, para mí ha sido por un lado retador, pero sobre todo, divertido. Lo que he intentado hacer en mi trabajo como artista es tratar de construir ambientes de aprendizaje en los cuales estoy tratando de encontrar nuevas formas de estar juntos. Llevar a cabo estos experimentos, de alguna forma me ayuda a ser libre, a emanciparme y desaprender mi propia estructura de pensamiento para poder encontrar nuevas formas de ser y de estar.


GC: De alguna manera es ir en contra corriente. Todos, o la mayoría, de los sistemas van hacia el mismo lado (son estructurados). La educación (en la mayoría de los casos) es igual para todos. De alguna manera, siento que ya eres más libre, más receptivo a ver las cosas de una manera diferente. ¿Crees que ya estás en el punto en el que ya no tienes resistencia a ver las cosas de una manera distinta? O por el contrario, ¿hay algo en tu obra o en tu vida donde quisieras ser más flexible? ¿Algo en donde a lo mejor todavía eres más rígido o estructurado?


NP: Sí, definitivamente. Tengo metida “la manía” del pensamiento cartesiano. Está muy presente todavía en mi trabajo, no lo quiero negar. Si miro en retrospectiva es algo que me gustaría modificar. Yo entiendo el aprendizaje como una actitud no como un momento de tu vida en el cual necesitas desarrollar una habilidad para poder valerte por ti mismo. Lo entiendo como una actitud que ofrece la posibilidad de aprovechar cada situación en la que estás como una oportunidad para transformar, para encontrar nuevas formas de estar juntos y sobre todo una oportunidad para autoverificarte. Es una construcción compleja, continua y constante. Hay muchas cosas en las cuales me gustaría aprender a ser más flexible. Necesito confrontar no solamente conmigo mismo, sino confrontar lo que hago con otras situaciones. Cada vez que trabajo en un entorno diferente, la exigencia es que yo sea mucho más flexible. Cada proyecto consiste en adaptar esos intereses a situaciones nuevas y eso me obliga a revisar ideas, comportamientos y situaciones.


He estado pensando mucho en estos días en que si llego a considerar que hay algo que hago bien, lo siguiente que debo hacer es dejar de hacerlo. Esas son las situaciones ideales para mí, en donde no hay nada establecido y donde el punto de equilibrio cambia constantemente. Debo empujar a que cambie el punto de equilibrio de estas situaciones. Entre más inestables sean estos ambientes de aprendizaje mucho mejor. Por ejemplo, ahora tengo como un afán en lograr cambiar los talleres y momentos de encuentro. Son un soporte y parte esencial de mi obra como artista y debo dejar de hacerlos como lo vengo haciendo desde hace varios años.


Tu planteas que sientes cierta libertad en mí, y a mi me gustaría pensar que no. Me hace falta todavía mucho más autoverificarme y debo dejar de hacer cosas que tal vez hago muy bien, lo cual implica estar en lugares inestables constantemente.


GC: En este sentido, ¿hay algo que no quieras cambiar? Por ejemplo, ¿algún elemento en particular que sientas que te funcione? O por el contrario, ¿cuidas que todo cambie para generar diferentes resultados?


NP: Me gustaría lograr sentirme cómodo en estos lugares inestables y de cambio para así, poder encontrar nuevas formas de estar juntos. Esto a nivel personal no es nada fácil y es algo que sí me gustaría lograr. Por ejemplo, todo indica que a nivel personal construyas lugares estables y seguros de alguna forma, pero se me hace muy interesante no asumir situaciones y lograr construir ambientes de inestabilidad con otras personas. Y al mismo tiempo, ésto poderlo llevar a la escala pública, como por ejemplo a las instituciones culturales.



Es complejo, pero creo que vale la pena, porque creo que una de las responsabilidades al menos mía, del arte, o de la cultura, es repensar o redefinir las instituciones y eso implica llevar a cabo procesos lentos de transformación.


GC: De alguna manera siento que hay que vaciarse para poder estar más receptivo en el día a día. La vida pasa rápido y estamos rodeados de mucha información. ¿Qué haces para poder vaciar esa información y lidiar con esta invasión de sistemas, medios y redes sociales? ¿Qué haces para mantenerte alejado y poder seguir este otro camino más receptivo o experimental?


NP: Hay varios puntos, el primero es que para llevar a cabo este tipo de procesos de investigación algo fundamental es basarlos en el error (llevar a cabo procesos erráticos). El segundo, tiene que ver con lo que hablábamos sobre la importancia del aprendizaje como una actitud que se base en desarrollar la curiosidad.



Yo me siento muy cómodo trabajando en colectivo, es una de mis apuestas. Hoy en día la forma de autoverificarme es desde lo colectivo, intentando construir ambientes de diálogo y tratando de aprovechar toda oportunidad de trabajo, como por ejemplo situaciones en las cuales puedo usar la palabra, el estar juntos y el tiempo compartido como materiales plásticos que pueda transformar y usar para construir o desarrollar ideas. Esto es para mí muy importante. El contacto y llevar a cabo experimentos mentales con otras personas, se me hace fundamental y me motiva mucho. Creo que en ese pensamiento colectivo es donde se construye el presente.


Otro punto, que es una decisión muy personal y que puede sonar muy anecdótico, es que yo no tengo redes sociales. No tengo y nunca he tenido. Desde un principio percibí que eso no iba con mi personalidad y que realmente no debía invertir ahí mi tiempo; y me funciona un poco. También lo hago para protegerme, no sabría como manejar las redes sociales, terminaría envuelto en ellas. Pero esto es muy anecdótico, obviamente, no quiero decir ni pienso que eso quita tu tiempo o es malo para las personas, sólo pienso que en mi caso, me divierte en parte no tenerlas y se me hace un poco de morbo no tener teléfonos inteligentes. Yo no tengo.



También, algo fundamental en mi trabajo es pensar en dónde quiero que sucedan las cosas que hago o por las cuales trabajo. Más que pensar en el cómo y el porqué, es pensar ¿para que?. Hay muchas decisiones importantes en mi vida que ayudan a responder esa pregunta. Constantemente estoy buscando aliados. Trato de darle la vuelta a las estructuras —en las que vivo y de las cuales decido ser parte poco a poco (porque son procesos lentos)— para conseguir que las personas con las cuales trabajo se vuelvan aliados de las investigaciones o de las ideas. Por poner un ejemplo más práctico; logré llegar a un punto de diálogo y confianza con una galería comercial que estuvo dispuesta a asumir y arriesgarse para apoyar un proyecto de investigación que no va a pertenecer al ámbito comercial. De igual manera, he logrado que los coleccionistas se vuelvan aliados de los proyectos y que con piezas que entran al mercado del arte, el coleccionista sepa que lo que está haciendo es financiar un proyecto de investigación en la educación. Tratar de lograr que las personas con las cuales trabajo, desarrollo proyectos y tengo intercambios (de ideas, servicios u objetos) terminen siendo aliados de las investigaciones, también es un esfuerzo importante para encontrar nuevas formas de estar juntos.

Todo el tiempo te estoy repitiendo esta idea de encontrar nuevas formas de estar juntos porque para mí esto es fundamental, es lo que me gusta hacer y por lo cual lo hago. Esto tiene mucho que ver con la idea que habíamos hablado de que una de las responsabilidades es repensar o reimaginar las instituciones a todo nivel; desde la institución familiar, hasta la institución pública o cultural, hasta el matrimonio o la familia, pasando por la amistad y llegando al colegio o a la institución de enseñanza y aprendizaje.


GC: Volviendo al tema de las redes sociales, ¿no crees que a lo mejor ahí hay un nicho para que tus procesos o investigaciones lleguen más allá si decides jugar un poco con ellas? Porque a final de cuentas es entrarle al juego, ¿no?



NP: Claro, estoy totalmente de acuerdo, son herramientas muy poderosas pero hay algo bien importante y es que esa decisión tiene que ver con mi personalidad. No son ganas de ser rebelde porque todos están ahí y entonces yo no. Es más bien que trato de ser congruente con lo que soy. Creo que no es la herramienta qué más me funciona o me sirve en este momento. Evidentemente trabajo con personas que sí necesitan o usan las redes sociales entonces acabo estando ahí por efecto dominó, pero no directamente. Esta es mi posición ahora, pero bajo esta idea de la inestabilidad y de autoverificación, seguramente tenga que cambiar. Tal vez llegará un momento en el que necesite. Pero insisto, no es ganas de ser rebelde, estoy tomando decisiones a partir de mi personalidad y de cómo me gusta operar en este momento. Por ejemplo, cuando decidí trabajar como artista, fue una decisión totalmente consciente basada en cómo quería operar y en mi personalidad; lo mismo cuando decidí no volver a la universidad. Lo hice pensando en el tipo de aprendizaje que quería llevar a cabo y en el cual quería estar inmerso, pero siempre partiendo de mi personalidad y mis propias anécdotas e intereses. Por eso esta idea también la quiero conectar nuevamente con esa intención de autoverificarme, es cómo ponerme a prueba, ver qué voy descubriendo.


De pronto se me acaba de ocurrir, que esta idea del taller donde busco construir ambientes de aprendizaje basados en el hacer y en la asociación, puede ser un tipo de red social low tech. No se si sea la palabra, pero tal vez entre los dos podemos construir la idea. Igual es una red social, sólo que viaja a otra velocidad, digamos más basada en el rumor, en el tiempo compartido presencial, en el hacer; la imagen se construye mientras vas conversando. Igual es una red social. Tal vez no es tan efectiva en términos de visualizaciones, pero yo creo en los procesos de transformación lentos. Las lentas transformaciones son algo importante para mí, algo a lo cual quiero apostar. De pronto es el mismo sistema de pensamiento, pero el método es diferente.



GC: Me encanta esta idea o concepto, estoy de acuerdo, de alguna manera tus talleres son una red social. Tal vez el término está mal empleado para lo que todos conocemos como red social, porque al final de cuentas las redes sociales digitales (llamémosle así) acaban siendo donde conectamos pero de una manera efímera, pasajera, que pasa muy rápido y tu red social queda.


NP: ¡Sí, bonito! Una vez en 2015 me invitaron a la Bienal de La Habana y entre las ideas iban y venían con la curadora, terminé llegando a Cuba con la intención de trabajar durante tres semanas con varios grupos de diferentes personas. Trabajé con profesores, con un grupo de estudiantes con problemas disciplinarios, con panaderos, jardineros y activistas sociales en La Habana. ¡Imagínate! Como parte de la bienal, tenía la intención, de hacer un diagrama o instalación (basada en mi trabajo con estas personas), pero muy rápido me di cuenta que no era necesario, no lo quería hacer. Así que el proyecto sucedió, con diferentes estrategias, en diferentes lugares y en diferentes momentos, pero del proyecto no quedó huella; ya había hecho algo similar en el 2012 para la Trienal del New Museum y en el 2009 en la Bienal de Porto Alegre. El día de la inauguración me encontré a un curador que me cae muy bien, con el cual ya había trabajado, y me preguntó dónde estaba mi pieza. Le contesté que estaba sucediendo por varios lugares de la ciudad de La Habana y le dije: “¡Es efímera!” Se me quedó viendo y me dijo: “¡No, no es efímera! Efímeras son las otras, las piezas que se van. Esta va a permanecer de alguna forma”. Me dio alegría, por un lado, porque le interesaba mi pieza, pero por otro lado, porque con esa conversación hizo un click potente. El trabajo basado en el rumor, el encuentro, los procesos de transformación lentos, la palabra, el tiempo compartido y la asociación, posiblemente (o bajo el punto de vista de este señor) es lo que permanece.


GC: Un poco en este sentido y tomando en cuenta que en gran parte lo que haces tiene que ver con dejar semillas de reflexión ¿Llevas algún registro de las reflexiones que generas? ¿Te interesa llevarlo?


NP: No, no llevo un registro desde el punto de vista documental. Antes habíamos hablado del rumor, no me interesa hacer este tipo de encuentros para justificar mi trabajo y mucho menos tener un registro para justificar que algo sucedió. Me gusta pensar y actuar bajo la idea de que esas reflexiones y esas situaciones pertenecen a ese instante y que son situaciones y reflexiones de las cuales debo perder el control. No quiero ser el artista que hace un taller con niños (lo voy a explicar como un cliché) y que después presenta un registro de esos talleres en un espacio expositivo. Por eso digo que esos momentos y reflexiones pertenecen a ese instante, y esto desde mi punto de vista es muy interesante, porque estos talleres no son situaciones paralelas a mi proceso de trabajo o a mi trabajo como artista; son parte estructural y fundamental de mi investigación. Son situaciones en las cuales estoy aprendiendo a ser un artista y en las cuales acepto con mucho gusto y agrado, que soy un eterno aprendiz. Como son situaciones integrales y no paralelas a mi método de trabajo, terminan siendo lo que le da fundamento a las cosas que continúo haciendo.


Si vamos a hablar de la palabra registro creo que el registro de estos talleres es lo que no ha sucedido y es lo que no he hecho. No quiero que mi trabajo sea un documento que verifica que eso sucedió. Siempre me ha gustado pensar que el arte es aquello que no ha sucedido. Para mí, más que entender qué es el arte, considero fundamental entender y dialogar sobre dónde sucede el arte.


GC: Hablando sobre el tema de dónde sucede el arte, ¿crees que el espacio donde suceden tus reflexiones influye en el resultado? Por ejemplo, ¿se dan mejor un día con luz, el día que llovió, afuera o en la naturaleza? ¿El espacio influye?


NP: Lo que influye es la capacidad de hacer que el espacio cambie y constantemente sea algo nuevo. No hay romanticismo en eso. Estar en el campo, o en un lugar ideal para que se den estos intercambios, no creo que sea importante. Lo importante es construir el momento en el cual el grupo de personas pueden lograr que ese espacio deje de ser lo que era. Por ejemplo, que el museo deje de ser un lugar que no me interesa, donde no entiendo nada, que no se como usar, para transformarlo en un lugar donde me siento cómodo; que deje de ser un contenedor de cosas para convertirse en un lugar que me permite hacer conexiones y que aprenda a usarlo en respuesta a mis intereses. Lo que me interesa es esa capacidad de transformar espacios en lugares. Por poner otro ejemplo; lograr que un salón de clase deje de ser un lugar aburrido al que tengo que ir y convertirlo en un lugar en el cual me confronto y donde me siento seguro al cometer errores, eso me interesa, no el lugar ideal para que algo suceda. Esa situación ideal no existe. Lo que sí existe es la capacidad de transformar las situaciones en otras y que esas otras situaciones nos ofrezcan la posibilidad de autoverificarnos, de crear nuevas constelaciones y de transformar el espacio entre nosotros.


GC: ¿Te has topado con gente que a lo mejor tiene cierta resistencia a aprender o a salirse de sus conceptos para ser más receptivo? ¿Qué aportan estas personas a tus talleres?


NP: Claro, en algunos momentos hay resistencia. No son casos aislados o de ciertas personas. Creo que es una condición humana en la cual de entrada por ejemplo, siempre tenemos resistencia a alguien que no conocemos o a estar en una situación que no sé muy bien cuál es. También es un poco el objetivo del taller; romper el hielo, bajar los brazos y empezar a construir reflexiones no solamente desde el concepto sino desde el hacer. Parafraseando todo, definitivamente existe resistencia, pero creo que es una constante. Es una condición hasta química y física de lo que somos. Los cuerpos siempre están creando una resistencia, es una de las razones que nos permite estar.

GC: Tal vez es como parte del proceso, es otro elemento.


NP: Es una condición dada, de entrada la vas a encontrar. Si entendemos el taller como soporte o medio y la palabra como material plástico, el llevar a cabo un proceso para encontrar nuevas formas de estar juntos basadas en el hacer y en la asociación (no desde el concepto o la memoria) implica llevar a cabo un “protocolo” en el cual tengo que ir usando las palabras y el cuerpo para ir creando un espacio donde esa resistencia empiece a ceder, a aceptar la situación y poco a poco a abrirse. Hay que usar estos elementos para construir ese ambiente de inestabilidad del que hablamos para lograr que esa resistencia se ponga a tu favor. Es como un experimento y hay que desarrollar habilidades de transformación de estos materiales. Tal como lo podría hacer un escultor con la piedra o un carpintero con la madera donde empiezan a manipular estos materiales, a entender el sentido de las betas, a entender a qué parte de la madera se le hace más fuerza o a cual no, cuándo se cepilla, etc. algo similar es lo que sucede en el taller. Tú tienes los materiales y elementos que de alguna forma pueden llegar a ser intangibles, pero también están los cuerpos y actitudes de las personas y hay que empezar a transformar “plásticamente” esas situaciones, actitudes, resistencias, intereses y deseos para ir construyendo poco a poco ese momento de reflexión, ese soporte, obra o pieza.


Me gusta asociar esta idea de los talleres con el happening. Es una suerte de instrucciones, un paso a paso que permite ir construyendo este ambiente de inestabilidad que entre más inestable, mejor. Es algo corporal que tiene que ver con el tiempo o con artes basados en el tiempo y me gusta asociarlo con el happening. Allan Kaprow es uno de mis ídolos, se me hace un artista muy valioso.



GC: Pasando a preguntas finales. Entiendo tu trabajo y gran parte de la investigación que haces como un replantear la manera en que aprendemos ¿desde tu punto de vista, qué cambiarías de los modelos educativos y que conservarías?


NP: Primero hay que hacer una aclaración; más que entender mi trabajo como un replanteamiento de los sistemas educativos, me gustaría ser más modesto y afirmar que mi trabajo consiste en tratar de entender cómo aprendemos. No me interesa cuestionar las instituciones, lo que quiero es formular preguntas en o desde las instituciones.


Me gusta mucho la idea de la escuela y el salón de clase. Etimológicamente la palabra escuela viene del scholé (griego) que significa ocio o aquel momento en el cual se emplea el ocio. Es el momento más útil que destinamos para nuestro aprendizaje y es un momento en el cual debemos decidir qué es valioso aprender. Es muy interesante porque esa idea del ocio desde este punto de vista es lo contrario a no hacer nada. Me gustaría reivindicar esa idea. Me gusta mucho la idea de la escuela y de los sistemas educativos sin infraestructura en donde el aprendizaje sucede en cualquier lugar (incluso bajo un árbol) y desde los intereses de las personas que están presentes; no responde a un objetivo académico, es algo que va sucediendo. Me gustaría pensar que ese es el futuro, que no haya un edificio al cual vas a aprender sino un lugar en el cual tú decides qué vas aprendiendo. También me gustaría reivindicar el proceso por asociación y el proceso basado en el hacer. Por ahí va también un poco el interés del oficio, no como una especialización sino como un proceso de aprendizaje basado en el hacer. Desarrollar procesos de aprendizaje basados en el oficio es una muy buena forma para comunicarnos y para encontrar nuevas formas de usar juntos. Por ejemplo, uno de los aspectos más importantes para mi en los cuales están basados los oficios es que son ejercicios por demostración. Mucho de esto tiene que ver con el tiempo de trabajo que estuve en Guadalajara.


Me gusta mucho esa idea del sistema educativo sin infraestructura. Esto puede sonar muy utópico o soñador pero al contrario creería que podría ofrecer como un tipo de distopía que le da la vuelta a los tiempos destinados para el aprendizaje. Me gustaría pensar que es fundamental no tener objetivos académicos. Aquí me puedo ampliar un montón porque es muy interesante entender los sistemas educativos como un sistema de pensamiento; no es un sistema de entrenamiento, sino un momento, o un sistema en el cual desarrollas estrategias y tácticas para autoverificarte. Termina siendo como un sistema de aprendizaje que te ofrece la posibilidad de autoverificarte. En parte por eso se me hace interesante trabajar desde el arte, porque creo que las instituciones culturales son lugares en los cuales decides qué quieres aprender y cómo. No hay currículum, yo no estoy con estas investigaciones proponiendo un currículum, sino es un intento por disponer todo lo que me interesa sobre la mesa y lograr crear un ambiente de diálogo o intercambio en los cuales las personas pueden decidir qué quieren aprender. Esas ideas me gustaría cambiar del sistema educativo. Realmente es como volverlo más un sistema.


¿Qué me gustaría conservar? Creo que ya lo respondí un poco, conectándonos otra vez con esa idea de desaprender, hay que desaprender de las estructuras por las cuales hemos pasado y volver a esa escuela o a ese salón de clase como el tiempo valioso para el ocio, como el más útil de los tiempos durante el cual aprendemos o tratamos de aprender lo que es valioso saber. Es muy interesante porque el proceso de aprendizaje deja de ser recibir información y se vuelve un encontrar lo que es valioso para ti.


Otro aspecto que me llama la atención o que me gustaría conservar, es la idea del maestro. Hay muchos actores del sistema de aprendizaje que me gustaría reivindicar o redefinir o sobre los cuales me gustaría trabajar, pero la idea del maestro se me hace muy valiosa. Hay que pensar en cómo conservarlo pero definitivamente reestructurarlo y desarrollarle formas o estrategias nuevas. Podríamos hablar mucho sobre esta idea. Se me hace muy potente esta idea del maestro como agente social, como punto de conexión entre muchos deseos e intereses y como un lugar (por no llamarlo persona) en el cual se articulan muchos aspectos de la sociedad o de lo que podemos ser.


GC: ¿Qué sigue para ti dentro o fuera del arte contemporáneo?


NP: Uno de mis anhelos y las cosas por las cuales trabajo y mis aspiraciones es que me gusta pensar que no produzco arte para el arte contemporáneo si no para especular sobre cómo aprendemos. Me gustaría pensar que las reflexiones que surjan de estas investigaciones y proyectos no solo pertenecen al mundo del arte. Bajo ese orden de ideas, a principios de este año (2018) inicié un proyecto (el cual financio con mi trabajo como artista) que se llama “El instituto para el aprendizaje radical”. Es como una situación que intenta desarrollar proyectos en colaboración para especular y encontrar nuevas formas de estar juntos. He estado trabajando con personas de diferentes disciplinas, intereses y saberes para continuar esta investigación. Aspiro a poder lograr incorporar el instituto a mi trabajo y que mi trabajo se incorpore al instituto para poder ampliar esta investigación, invitar a más personas y continuar buscando nuevas formas de estar juntos. Quiero canalizar a partir del instituto los proyectos que me llegan y que gestiono, estructurar el método de trabajo para redefinirlo y compartirlo, que se pueda nutrir y pueda estar cambiando. Le estoy apuntando a crear este tipo de centros de investigación sin estructura y sin objetivo académico donde lo importante es que sirva de punto de partida como un lugar para aglutinar intenciones, ideas, personas pero también plantas, pájaros, etc. Que sirva como un lugar para poder encontrar nuevas formas de estar juntos (vuelvo y repito esta frase, diez mil veces).


Desde el día que sucedió esta conversación hasta el día de esta publicación, Nicolás a continuado sus investigaciones desde diferentes perspectivas, fronteras y culturas. Ha vuelto a Colombia y viajado a China y Nueva Zelanda desde donde enriquece sus intereses y comieza a concebir nuevos proyectos. El programa que se realiza en el colegio Fuhem Lourdes en Madrid continua por este semestre, la exposición en el CoBra está por llegar a termino y su exposición en Ladera Oeste ya concluyó. Nos quedan todas las piezas que ha dejado en diferentes colecciones y en su paso por bienales, trienales y residencias. Sus proyectos, sus talleres, sus investigaciones, su idea del día a día nos quedan como punto de partida para la reflexión, a manera de obra de arte efímera y permanente.



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