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LA MENTIRA MÁS GRANDE QUE NOS HAN DICHO

por Catalina Restrepo

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¿No ha sentido a veces que, por más de que se esfuerza en aquello que hace, no consigue los objetivos esperados, e incluso en ocasiones ve cómo otros los obtienen en poco tiempo o sin mayor esfuerzo? ¿Encuentra injusto o indignante que otro, que no sudó tanto como usted, o que no se quedó trabajando hasta tan tarde, obtuvo eso que usted quería primero? Pues bueno, lo invito a leer ésta, que más que una postura crítica, es tal vez una reflexión que ha rondado mi cabeza últimamente. Sobre todo en momentos álgidos de votaciones; cuando leo críticos de arte que buscan seguidores a costillas del desprestigio ajeno; o cuando leo opiniones escritas desde el desconocimiento puro y filtrado por los algoritmos de las redes sociales.


Pienso que la premisa de que ‘para lograr lo que queremos hay que esforzarnos mucho’ es una gran mentira, nos hace maleables, propensos a desinformación y a la mediocridad. Creo que no hay nada más falso que eso. Ésta manera de ver las cosas nos lleva a pensar que:


El que se esfuerza consigue lo que quiere y por tanto lo merece,

El que consigue aquello que yo quiero sin esfuerzo, no lo merece.


Entonces, es justo que yo reclame, critique, robe o demerite aquello que el otro consiguió sin esfuerzo; o siguiendo esta lógica, sin merecer 1.


Pero pienso que no son la cantidad de horas, el dolor, sacrificio, desgaste o cansancio físico lo que lo hace a uno merecedor de algo. En cambio, es la estrategia, la inteligencia, la habilidad, la recursividad, o la suerte… y sí, también la perseverancia, que cuando se aplica en algo que uno quiere, no se siente como un esfuerzo, sino como un reto, algo emocionante que uno quiere sacar adelante.

"En cambio, es la estrategia, la inteligencia, la habilidad, la recursividad, o la suerte… y sí, también la perseverancia..."

Pero entonces ¿en dónde está el mérito? ¿quién merece una retribución? En la metáfora del señor que va al mecánico y le pregunta ¿por qué me ha cobrado tanto por el arreglo si sólo fue ajustar un tornillo? Y éste le contesta: “usted me está pagando no por ajustar el tornillo, sino por saber qué tornillo ajustar”; queda clara esta duda. ¿Qué hace al mecánico merecedor al pago, saber rápidamente qué tornillo ajustar, o trabajar muchas horas para descifrarlo aunque no lo logre al final?


El problema es que cuando ese “merecer algo” se traduce en dinero, se convierte en un asunto político, de manipulación y de poder. De izquierdas y derechas, de falta de educación, descomposición social y sobre todo, de pobreza… mental.


No creo que sea el dinero lo que determina la calidad de vida y la dignidad de las personas. Hay quienes con muchísimo dinero tienen un nivel de estrés terrible. Sucede en el caso del millonario que para pagar por sus lujos no para de trabajar. También delincuentes que se sienten constantemente amenazados y deben esconderse toda su vida, como seguramente es el caso por ejemplo de la infame pareja: Karime Macías, y el ex Gobernador del estado de Veracruz, Javier Duarte. Probablemente los dos especímenes más claros de la pobreza mental que describo a lo largo de este texto. Cuando allanaron sus bodegas atiborradas de bienes de lujo, (después de años de robar al erario público—incluso hacer pasar por agua tratamientos de quimioterapia para niños con cáncer) se encontró una libreta con apuntes de la señora Karime en los que escrita a mano, se repetía una y otra vez la frase “sí merezco abundancia”. Este gesto obsesivo, sólo demuestra que necesitaba un lavado de cerebro para convencerse de que merecía ese tipo de abundancia; aunque todos esos lujos y posesiones incautados en una bodega no le sirvieran absolutamente de nada.


En cambio, existen quienes con poco dinero logran tener una vida tranquila, digna, ya sea en el campo trabajando como lo haría un campesino; como habitante de una casa autosustentable; o incluso, hay quien lo logra viajando sin mayores preocupaciones. Hay muchas opciones. Con esto quiero decir que para mí, la riqueza y la pobreza son conceptos relativos, que mientras se asuman dentro de la retórica de las izquierdas y derechas, es decir, en términos de ausencia o abundancia de dinero en vez de dignidad y calidad de vida, seguiremos estancados en el tercer mundo.

Sin embargo, pienso que esto tiene mucho que ver con la educación.


Antonio Escohotado Espinosa, pensador y filósofo español, dice en una entrevista que “Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo. Un país es rico porque tiene educación. Educación significa que aunque puedas robar, no robas. Educación significa que tú vas pasando por la calle, la acera este estrecha, y tú te bajas y dices ‘disculpe’. Educación es que aunque vas a pagar la factura de una tienda o un restaurante, dices ‘gracias’ cuando te la traen, das propina y cuando te devuelven, lo último que te devuelvan, vuelves a decir ‘gracias’. Cuando un pueblo tiene eso, cuando un pueblo tiene educación, un pueblo es rico. O sea, en definitiva, la riqueza es conocimiento. Y sobre todo un conocimiento que le permite el respeto ilimitado por los demás”. 2


El problema con esto, es que venimos arrastrando con un bagaje cultural que no se puede cambiar de la noche a la mañana. La fórmula de información, o educación, equivaliendo a una mentalidad honesta, compasiva o productiva no es perfecta. La educación, no la que enseñan en las escuelas (y mucho menos las de gobierno) sino esa misma de la que habla Escohotado Espinosa, es necesaria para que las personas de todos los estratos sociales puedan dar un giro virtuoso a sus vidas. El problema es que llevamos siglos sin tenerla. Sí, por culpa de los gobiernos desatentos que intencionalmente descuidan la educación; pero también por las familias que contribuyen a fomentar la competencia antes que el respeto.


Y es aquí donde quiero argumentar que la educación no es una garantía. Las buenas personas no incurren en actos deshonestos, incluso habiendo carecido de educación o dinero. De igual manera, las malas personas, incluso habiendo estudiado y obtenido grados superiores académicos, terminarán delinquiendo. Pero el real problema, es que si muchas personas no han tenido educación, no se puede ser tajante. Probablemente no cuentan con la perspectiva mínima necesaria para entender las consecuencias de sus acciones.


Son (o somos, no sé si contarme) incontables personas las que habitamos estos países pobres. ¿Por dónde empezar? Sé que hay unas que necesitan toparse con un buen ejemplo: alguien o alguna experiencia que las sensibilice, y otras, que simplemente no han tenido la oportunidad ni siquiera de reflexionar sobre su realidad fuera del entorno en el que han crecido.


DIGNIDAD HUMANA Y CALIDAD DE VIDA


Por otra parte, creo que mientras existan condiciones de libertad, tanto la dignidad como la calidad de vida están hasta cierto punto en nuestro control; así como otros atributos derivados de éstas, como la comodidad, limpieza, salud, seguridad, tranquilidad, belleza/estética y la educación, pero raramente se percibe así.


Sí, estamos sumidos en un sistema muy corrupto y desigual, es innegable. Pero hay cosas que se pueden organizar entre los miembros de una comunidad, y que podrían cambiar dramáticamente la situación en la que viven, sin necesidad de esperar la intervención de un gobierno.


"Pero hay cosas que se pueden organizar entre los miembros de una comunidad, y que podrían cambiar dramáticamente la situación en la que viven, sin necesidad de esperar la intervención de un gobierno."

La salud por ejemplo. Cuidando la nutrición y la higiene en la preparación de alimentos y haciendo ejercicio se pueden prevenir muchas enfermedades y brindar un mejor estado físico. El orden, procurando un entorno bonito y saludable con plantas que mejoren la calidad del aire y evitando la acumulación de objetos. En el tema de seguridad (que sin duda sería el más difícil porque requiere un cambio de conciencia y de valores radical en el entorno, por lo menos inmediato) sería ideal que cada miembro entendiera que no sólo es quien se mete a robar a las casas o el que atraca en la calle quien contribuye a la inseguridad, sino el que compra el celular robado, el que se cuelga del cable del vecino, el que compra la gasolina robada, etc. Si existiera un pacto y se asegurara entre sus miembros un ambiente libre de violencia, habría seguridad en el entorno. Fácil decirlo.


La limpieza, por ejemplo, no es algo que dependa enteramente del dinero, sino en la disposición de cada persona y al mismo tiempo de la comunidad que decide preservarla. En un restaurante un taco servido en un plato limpio se percibe más costoso que uno que se sirve en uno sucio, pero cuestan lo mismo. Igualmente la diferencia entre un oxxo y una tienda de barrio, principalmente es la limpieza. No es que la gente prefiera comprar en un oxxo, sino que se inclina por un lugar con los mínimos estándares de higiene para comprar sus alimentos 3, creo yo.


Pero es extraño que el hablar de tiendas bonitas o por lo menos limpias, sugiera algo superficial que fácilmente pudiera ser malinterpretado como una defensa a la gentrificación o algo así, cuando simplemente es un comentario sobre dignificar los espacios. ¿Qué pasaría si los mismos residentes de estos barrios diseñaran sus tiendas y sus calles, las mantuvieran limpias y agradables para ellos mismos, en vez de dar espacio a los inversionistas externos que tienen como objetivo mejorar para encarecer sus espacios? Lo ideal es que lo hicieran, no por el dinero en sí, sino por mejorar su calidad de vida, por vivir en un barrio bonito, que verdaderamente les guste, pero sobre todo porque se lo merecen. Ojalá además de un entorno agradable, encontraran la manera de exaltar un estilo propio que los hiciera sentir orgullosos y que fortaleciera su identidad. Pareciera una reflexión superficial, como si el problema consistiera sólo en cambiar la fachada, pero son este tipo de cosas las que al fin de cuentas inciden en lo más profundo.


A simple vista, la limpieza también es una de las diferencias más marcadas entre un barrio “rico” y uno “pobre”. Pero ¿qué pasaría si los habitantes de un barrio aparentemente pobre no botaran la basura en las calles y en cambio, tal vez se pusieran de acuerdo para limpiar regularmente entre todos? Sin duda su calidad de vida mejoraría, y recoger basura se puede hacer con las manos, no se necesita dinero ni siquiera, lo único es tener respeto por el vecino y entender el espacio público como un lugar común para cuidar. Esto ocurrió en un barrio de Bogotá.


El pasado 6 de noviembre, en el periódico colombiano El Espectador se dio la noticia que el barrio “El Regalo”, en la localidad de Bosa, al occidente de la ciudad, había ganado el título al barrio más limpio de Latinoamérica 4. Hace diez años que veintidós líderes sociales dirigen este proyecto en su comunidad. Reciclan, cultivan alimentos en huertos urbanos, tienen programas para ayudar a los ancianos mayores y mantienen limpia la vialidad. No necesitaron recursos económicos para mejorar su entorno y sentirse orgullosos por haberlo logrado. Y quiero pensar que la gente que vive ahí cotidianamente, ante tal ejemplo, es difícil que gire su rumbo hacia comportamientos negativos. Ahora, tampoco creo que tal impacto se hubiera podido lograr con una campaña impuesta desde el gobierno. La zona no hubiera durado un sólo día limpia.


Por otra parte, entiendo también que el problema mayor es que en estratos sociales bajos, limpiar la calle o sembrar plantas puede ser la última de las preocupaciones, hay miles de problemas más urgentes. Es un rasgo y un círculo vicioso que hace parte de la descomposición social y la extrema pobreza en la que la mayoría de países latinoamericanos estamos sumidos.


POTENCIAL HUMANO DESPERDICIADO—TRABAJO


Volviendo al tema del mérito medido en esfuerzo, puedo identificar en el trabajo laboral aspectos que pintan un panorama complicado, también. Yo por lo menos, considero que trabajar en una oficina cumpliendo un horario es una práctica deshumanizante que es aceptada, normalizada y sistematizada. Es algo que está cambiando desde hace varios años en países de primer mundo, pero que aquí todavía estamos lejos de lograrlo.


Es increíble pensar que con todas las herramientas tecnológicas y de comunicación que existen hoy en día, el oficinista que terminó sus pendientes a las 2:00 pm, tenga que quedarse hasta las 7:00 pm para marcar su salida. Para la empresa, no importa si se queda todas esas horas perdiendo el tiempo (mientras que desea más que nada poder ir a su casa a descansar, a estar con su familia, desarrollar un proyecto propio o incluso un hobby), lo importante es que se esfuerce y se quede hasta las 7:00 pm. Porque en esta lógica, quien más se esfuerce es quién merece un sueldo, no quien haga mejor el trabajo. En este caso, el esfuerzo se entiende también como el sacrificio, de tiempo de calidad, incluso de libertad, porque no le es permitido salir al empleado de la oficina sopena de ser despedido.


Para la empresa tercermundista es importante deshumanizar y reducir la calidad de vida del empleado para garantizar su permanencia; tal vez porque comparar el esfuerzo con el mérito es lo que desde siempre y hasta ahora le ha funcionado mejor. Todavía existe la idea arcaica del honor radicado en “ganarse el dinero con el sudor de la frente”, aunque ésta sea una lógica absurda.

¿Qué razón puede haber detrás de este sistema que a simple vista supone un derroche y un desperdicio enorme de recursos? 5. Sólo en términos económicos, por lo menos, la empresa tiene que pagar más en luz y servicios durante ese tiempo en el que los empleados no tienen nada más que hacer mientras esperan la hora de salida; tiene que invertir en la capacitación recurrente de personal (porque cada vez menos personas y sobre todo los jóvenes aguantan ese ritmo de trabajo); compromete la eficiencia ya que en vez de terminar rápido, el empleado prefiere repartir las responsabilidades en la semana; afecta el desempeño de los empleados a causa de la depresión que produce; este ritmo de trabajo; por nombrar sólo algunas de las fugas más evidentes de capital. La única respuesta que me viene a la mente es: por miedo a que si el empleado tiene tiempo para tener vida afuera y ver lo que está perdiendo, no volvería a trabajar. Pero en el primer mundo la cosa es distinta, el empleado volvería a trabajar y cumpliría mejor porque su trabajo es reconocido, lo dignifica. Esto significa mucho más que el dinero.


Yéndonos al otro extremo, algo muy similar pasa también en el trabajo informal callejero, pues es común encontrar personas en aparente situación de pobreza realizar trabajos inútiles y pedir a cambio dinero por un supuesto esfuerzo. Por ejemplo, los conocidos como viene-viene también conocidos como franeleros, mismos que se encargan de avisar a los conductores estacionados cuándo avanzar y cuándo parar; los tapa-huecos que, como su nombre sugiere, piden dinero por tapar huecos en las calles de manera voluntaria, una labor que en la precariedad en la que se encuentran las calles de las ciudades tercermundistas puede parecer muy útil, de no ser porque son ellos mismos quienes por la noche los destapan; o los faquires en el metro de ciudad de México, que se tiran al suelo y refriegan su espalda sobre una frazada llena de vidrios rotos. Es un potencial humano desperdiciado, son personas que con esos mismos recursos de tiempo, de energía —y en casos de creatividad— podrían estar haciendo una labor que además de generar dinero, le sirva a la comunidad de alguna forma. Podrían prestar un servicio, desarrollar un proyecto, contar una historia que deje huella, que innove, pero sobre todo que los haga sentir orgullosos de sí mismos, que les proporcione una mayor autoestima y por ende una mejor calidad de vida. En fin, podrían tener un trabajo que verdaderamente los dignifique.


Y aunque pareciera que cuando hablo de trabajos callejeros, hago referencia a trabajos ligados con la pobreza, no es así. Primero, porque hay estudios que demuestran que las personas que realizan estos trabajos ganan entre 1,200 y 1,500 USD mensuales 6, mucho más de lo que gana un maestro universitario, un enfermero, incluso más que muchos curadores de museos que conozco en Ciudad de México. Segundo, porque también existe una infinidad de trabajos muy mal pagados que son supremamente dignos y necesarios. Su impacto en la sociedad es invaluable (y ojalá algún día éstos pudieran ser remunerados de manera más justa) como por ejemplo, el servicio doméstico, el mantenimiento de drenajes y alcantarillado, la recolección de basura y reciclaje, cableado eléctrico, entre otros. Es decir, cuando propongo al viene-viene, el tapa-huecos o al faquir como ejemplos de esta lógica absurda y peligrosa del esfuerzo en relación al mérito, no lo hago comparativamente a la cantidad de dinero o la posición socioeconómica que suponga cada individuo, sino al desperdicio del potencial humano.


Como ya lo he dicho antes, para mí, la pobreza no está en lo que perciben las personas, sino en lo que ellas mismas aportan a la sociedad o por lo menos a sí mismas. Me refiero al potencial humano y lo que esto a su vez impacta en la autoestima, la dignidad y por ende la calidad de vida de cada una de ellas. ¡Entiendo! Lo que quieren es dinero, pero ¿para qué? ¿para alcanzar un ideal de calidad de vida y dignidad, que no están en los billetes, que no se pueden comprar? Eso es algo que sólo se pueden proveer y en casos (que es justamente lo que quiero decir con todo este texto) dependen de uno mismo.


DESPERDICIO DE RECURSOS


Otro caso. Cuando el gobierno destina un presupuesto para la construcción de casas de interés social, incluso descontando lo que se les va en mordidas, resultan cientos y miles de espacios tan pequeños o tan mal hechos que son inhabitables. Hay proyectos muy interesantes de arquitectos y artistas, que con lo mismo que cuesta construir una casa de interés social —utilizando materiales reciclados y planificando mejor los espacios— construyen lugares espectaculares, que no sólo dan un techo a las familias, sino que brindan calidad de vida; les cambia el panorama.


Sergio Fajardo (ex-político colombiano, y ex-alcalde de Medellín) dijo a la revista Newsweek ésto que creo, resume muy bien lo que quiero decir: “En Medellín tenemos que construir los edificios más hermosos en los lugares en los que la presencia del Estado ha sido mínima. El primer paso hacia la calidad de la educación es la dignidad del espacio. Cuando el niño más pobre de Medellín llega al mejor salón de clases en la ciudad, enviamos un mensaje de inclusión social poderoso. Ese niño tiene una autoestima renovada, y aprende matemáticas más fácilmente. Si les damos a los barrios más humildes bibliotecas bellas, esas comunidades se sentirán orgullosas de sí mismas. Estamos diciendo que esa biblioteca o ese colegio, con arquitectura espectacular, es el edificio más importante del barrio y enviamos un mensaje muy claro de transformación social. Esa es nuestra revolución”. 7

¿Si cuesta lo mismo —o menos— hacer las cosas bien, por qué las hacemos mal? Me entristece y me hace perder la fe ver a tantos intelectuales, gente que admiro y quiero, defender tan apasionadamente la izquierda o la derecha (como si Maduro y Bolsonaro fueran tan distintos). Por lo menos, es la misma fe que recupero al conocer a artistas con proyectos increíbles y que logran cambios en la comunidad, sembrando reflexión, dándoles herramientas para ver las cosas de otra forma y mejorar su calidad de vida.


"Cuando el niño más pobre de Medellín llega al mejor salón de clases en la ciudad, enviamos un mensaje de inclusión social poderoso. Ese niño tiene una autoestima renovada, y aprende matemáticas más fácilmente." Sergio Fajardo

Por ejemplo, el artista alemán Mike Meiré (1964, Darmstadt, Alemania), realizó una serie de instalaciones inspiradas en las secuelas del huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleans en el año 2005. Después de observar las imágenes que los medios de comunicación transmitieron al mundo, se dio cuenta de que el huracán había hecho, sin quererlo, una especie de homologación material. Se podía observar un horizonte de escombros y objetos de todo tipo, en el que prácticamente se había perdido todo valor económico. Podían observarse restos de construcciones, ropa, árboles o automóviles, incluso de lujo, entre la devastación. Para Meiré esto implicaba la oportunidad de transmitir un potente mensaje: aquello que debe importarnos a los seres humanos no son los lujos con los que vivimos, sino la dignidad de nuestros espacios de habitación, y por consiguiente de nuestras vidas. A partir de esta idea realizó varias instalaciones, mismas que le dieron la vuelta al mundo y en las que recreaba utópicamente este tipo de espacios de dignificación.


Uno muy bien puede dormir en un catre en el piso, pero si este se encuentra limpio y ordenado la cosa cambia. El entorno de vida de Meiré llevaba como título The Farm Project 8, y conllevaba la idea de que una casa puede estar construida con materiales económicos, o reciclados; pero ante todo debe ser construida con amor, y de la manera más cuidadosa posible. El valor de lo bien hecho ante todo. Realmente se percibía un entorno virtuoso que contagiaba. La moraleja es que, ni los “ricos” viven necesariamente en entornos dignos, por más lujosos que estos sean; ni los “pobres” deben vivir en la suciedad, descuido y desorden. El bienestar humano puede alcanzarse en todos los matices dentro de esa escala.


Si cada quien midiera su riqueza en términos de dignidad y calidad de vida, los políticos no tendrían con qué negociar los votos.

Si cada quien midiera su riqueza en términos de dignidad y calidad de vida, los políticos no tendrían con qué negociar los votos. A las grandes marcas, corporaciones, farmacéuticas y cualquier sistema de poder, les quedaría muy difícil manipular a la gente. Todos seríamos menos envidiosos y viviríamos mejor. Pero pues ni modo, difícil poner de acuerdo a tantos, imposible zarandearnos a todos a ver si nos espabilamos y dejamos de tragar entero cualquier cosa.


No se puede arreglar el mundo y mucho menos en un texto, pero esta es mi reflexión.



NOTAS AL PIE DE PÁGINA

  1. Por supuesto no siempre es el caso, hay veces que las personas consiguen lo que quieren sin esfuerzo, pero además abusando de sus privilegios y su poder; obstruyendo la posibilidad de crecimiento de los que están en situación más vulnerable. Al decir poder, es común imaginar en primera instancia al político corrupto que roba dinero del erario, pero en la misma posición está el atracador que con un arma de fuego roba, secuestra y mata. Me parece que como sociedad, el sentido común nos falla y obviamos tal vez, que la falta de escrúpulos, valores, y abusos de poder están dentro de cada persona sin importar su nivel socioeconómico.

  2. https://www.youtube.com/watch?v=64DzOK3bj1Q

  3. Estoy generalizando pero me sirve para señalar el punto. Por supuesto hay muchas tiendas de barrio muy limpias, así como hay tiendas oxxo muy descuidadas y sucias.

  4. https://www.elespectador.com/noticias/bogota/el-regalo-el-barrio-mas-limpio-de-america-latina-en-el-occidente-de-bogota-articulo-822196

  5. Me refiero a empresas cuyos empleados no requieran estar en su lugar de trabajo durante toda la jornada. Esto sería difícil para personal de atención al público o supervisión de instalaciones, por ejemplo.

  6. El periódico El Financiero asegura que el ingreso mensual de un viene viene varía entre 24 mil a 30 mil pesos (1,200 a 1,600 USD) mensuales.

  7. Página oficial de Sergio Fajardo http://sergiofajardo.co/

  8. Mike Meiré, The Farm Project: Dornbracht Edges, Walther König, Köln (January 15, 2008) ISBN-10: 3865602932.


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