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About Carlos Castro's exhibition: The Language of The Dead Things

April 21, 2017

Abajo en Español 

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Abajo en Español 

 

Last Monday, April 17th, was the closing of Colombian artist Carlos Castro’s exhibit at the Espacio El Dorado located in the La Macarena neighbourhood of the Colombian capital. The exhibit encompassed all three floors of the building and was called The Language of Dead Things. Visitors had the opportunity to get to know the work of one of the most propositional contemporary Colombian artists through a selection of his work that explores aspects that have defined Castro since his beginnings. 

 

We refer to his very curious and powerful reinvention of the ready-made that departs from an autobiographical perspective and appropriates common objects’ symbolic meaning, searching within that and emanating a critical sense. The artist evokes, for example, a cult space (chapel), a space of indoctrination (school), and a space of introspection (cinema) by reusing a calcined and completely abandoned school bus. The empty case is revitalised as an auditorium made for the presentation of a video in collaboration with filmmaker Andrés Borda and musical composer Daniel Castro. The ruined school bus thus becomes a metaphor for a black box that witnesses a shameful fall; or the physicality of an ostentatious musical instrument whose seats were made to be used as percussion, or metallic cast that emit sounds similar to those of a violin. In the words of the artist himself, that school bus “realises the memory of a body”.  The exhibit included diverse cult objects as well as fragments of political and/or religious figures found in deposits, streets or anywhere else.  The artist’s interest in “giving them back” their vitality and reinterpreting their forms is evident. Castro questions the seduction of the language employed by the indoctrination’s mechanisms in order to warn us of the dangers of their implementation. 

 

A six-meter glass chain and a brick made of the same material were filled with human fat by the artist to symbolise the tragedy of the existence of the human species, historically enslaved by (either) the church or the state. Both the chain and the brick are recognised symbols of modernity; in a positive note under the motto of unity and progress, in a negative note under the shadow of exploitation and the loss of identity. 

 

The Language of Dead Things unmasked totalitarian regimes’ typical manipulation mechanisms for the masses, not just those common under dictatorships, but also detectable within supposedly free world nations’ education systems. 

The latin phrase Nova Et Vetera (always new, always old) -the motto of his childhood school - encloses accurately in one of the exhibit’s pieces the timelessness of the objects collected during months, and occupied a dominant space in the exhibit. Departing from that, Castro reconstructed nostalgic stories, while some inspired by his childhood, questioning the narratives of the contemporary mass media, its official versions of history, and its contraposition against neglected marginal lectures by the power spheres.

 

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El pasado lunes 17 de abril, fue la clausura de la muestra del artista bogotano Carlos Castro en el Espacio El Dorado ubicado en el barrio de La Macarena en la capital colombiana. Una muestra que abarcó los tres pisos del edificio y que llevó como título El lenguaje de las cosas muertas. Los visitantes tuvieron la oportunidad de acercarse a la obra de uno de los artistas colombianos más propositivos en la actualidad por medio de una selección de obra que revisa los aspectos que han caracterizado a Castro desde sus inicios. Nos referimos a una muy curiosa y potente reinvención del ready made; que ocurre desde una perspectiva autobiográfica y se apropia del sentido de objetos comunes para hurgar en su poder simbólico y emanar sentido crítico. De esta forma el artista evoca, por ejemplo, un espacio de culto (capilla), un espacio de adoctrinamiento (colegio) o un espacio de introspección (sala de cine) mediante la reutilización de un autobús escolar calcinado y en completo abandono. Dicha carcasa es revitalizada a modo de auditorio para la presentación de un video en colaboración con cineasta Andrés Borda y el compositor musical Daniel Castro. El autobús en ruinas deviene en la metáfora de una caja negra que atestigua un vergonzoso declive; o en la fisicalidad de un aparatoso instrumento musical cuyos asientos son susceptibles de ser percutidos, o cuyas molduras metálicas pueden emitir sonidos similares a los de un violín. En palabras del propio artista, ese autobús “da cuenta de la memoria de un cuerpo”.

 

La exposición incluyó además diversos objetos de culto, fragmentos de figuras políticas y/o religiosas encontradas en depósitos, en la calle o en cualquier lugar. En ellas se hace evidente el interés del artista de “devolverles” su vitalidad y reinterpretar sus formas. Castro cuestiona así la seducción del lenguaje empleado por mecanismos de adoctrinamiento para alertarnos sobre el peligro de su implementación. Una cadena de vidrio de seis metros, o un ladrillo del mismo material, fueron rellenados con grasa humana por parte del artista para simbolizar la tragedia de la existencia de nuestra especie, esclavizada históricamente por la iglesia o por el Estado. Tanto la cadena como el ladrillo son conocidos símbolos de la modernidad; en un sentido positivo bajo el lema de la unidad y el progreso; en un sentido negativo a la sombra de la explotación y la pérdida de identidad.

 

El lenguaje de las cosas muertas logró desenmascarar mecanismos de manipulación de masas típicos de regímenes totalitarios, no sólo aquellos comunes dentro de las dictaduras, sino también detectables dentro de los sistemas educativos de las naciones del supuesto mundo libre. La frase en latín Nova Et Vetera (siempre nuevo, siempre viejo) -lema de su colegio de la infancia- engloba muy puntualmente en una de las piezas de la exposición la atemporalidad de los objetos que compiló durante muchos meses y que finalmente ocuparon un lugar preponderante en la muestra. A partir de ellos Castro reconstruyó historias nostálgicas, que si bien en parte provienen de sus recuerdos de la infancia, también problematizan las narrativas de los medios de comunicación masivos en la actualidad, así como de las versiones oficialistas de la historia, o su contraposición con lecturas marginales negadas por las esferas de poder.

 

 

 

 

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