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Cursos y proyectos de educación alternativa en medio de la crisis de las universidades.

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No es que sean una novedad; los cursos siempre han estado ahí como un respaldo, un complemento a los estudios "oficiales", por nombrarlos de alguna manera. Sin embargo, desde mi perspectiva, cuando apareció la plataforma Coursera -impulsada por académicos de la Universidad de Stanford-, y cualquier persona tuvo acceso a clases, cursos y materias gratuitos en línea de las mejores universidades del mundo, se sembró en el ambiente una “espinita” muy importante. Despertó el interés y mostró la posibilidad de que las personas podían escoger aquello que realmente querían aprender. Está claro que los tutoriales de youtube, las comunidades open source, los foros y los cursos en línea empezaron a tomar mucha fuerza en internet varios años antes de Coursera, lo que implicó ganar un terreno que tradicionalmente le había pertenecido a las universidades exclusivamente.

 

Universidades del arte en crisis como sistema educativo, por supuesto no como negocio.

 

En Latinoamérica el sistema educativo universitario está en crisis, en casi todas las disciplinas, aunque aquí nos referiremos concretamente a la enseñanza de arte. Alguien que reseñó esa crisis es el crítico y teórico uruguayo Luis Camnitzer, quien en su ensayo titulado La Enseñanza del arte como fraude aborda la problemática de la educación artística en los Estados Unidos. Sin embargo no es un secreto que los programas latinoamericanos de estudio se parecen en muchos aspectos a los de ese país, por lo que sus apreciaciones aplican ampliamente en nuestro caso.

 

En el ensayo de Camnitzer hay un punto que llamó mucho mi atención, pues hace un conteo de los alumnos que entran y salen de las universidades, considerando sólo a quienes lograron filtrarse en el circuito de las galerías y a quienes lograron vivir de la enseñanza. Soy de la opinión de que el estudio de Camnitzer se quedó un poco limitado, pues estoy convencida de que dentro del sistema profesional del arte hay varios campos donde se puede ser exitoso profesionalmente sin producir y vender obra, o ejercer la docencia.

 

En los 35 años que estuve enseñando a nivel universitario en los EEUU, probablemente tuve contacto con alrededor de 5000 estudiantes. De ellos calculo que un 10%, unos 500, tenían la esperanza de lograr el éxito a través de muestras en el circuito de galerías. Quizás una veintena de ellos lo haya logrado. Esto significa que 480 terminaron con la esperanza de vivir de la enseñanza. No sé cuantos lograron conseguir un puesto de profesor. Pero sí puedo sacar la cuenta que si 5000 estudiantes fueron necesarios para asegurar mi salario y luego mi bienvenida jubilación, esos 480 estudiantes necesitan una base estudiantil de 240.000 para sobrevivir. Y si seguimos el cálculo hacia las generaciones siguientes,

rápidamente llegaremos al infinito.

Luis Camnitzer

 

 

 

Profundizando incluso un poco más en la reflexión sobre uno de los grandes problemas de la educación artística latinoamericana, es evidente que un porcentaje importante de artistas que pretendían ser exitosos en el ámbito de las galerías, y que no lo lograron, son reclutados por universidades con carreras artísticas, ofreciéndoles una alternativa que lamentablemente conlleva una carga de frustración. Yo personalmente no tendría inconveniente alguno con artistas docentes que hayan visualizado su carrera en esa dirección desde un inicio, pero no es el caso. El problema que acoto aquí ramifica en dos vertientes, pues por una parte esos artistas frustrados transmiten sus inseguridades a los alumnos, enseñándoles modelos de éxito que desconocen, y por otra parte, interfirieren y afectan la reputación que merecen aquellos pocos profesores que están en la enseñanza por verdadera vocación.

 

Además, las Universidades latinoamericanas pagan una miseria a sus profesores. Por tanto, es raro que un artista o profesional exitoso decida sacrificar tanto tiempo de sus propios proyectos por comprometerse con un programa educativo universitario. Los que sí lo deciden, son verdaderos héroes; son los típicos tres o cuatro maestros que los egresados de todas las generaciones de cada universidad recuerdan, los cuales marcaron sus carreras profesionales y de paso sus vidas. Y es que es raro que duren mucho tiempo en el sistema, pues es injusto que haciendo tan buen trabajo les paguen tan poco, mientras que las universidades se llenan los bolsillos con el dinero de los alumnos. No se puede generalizar, aunque sí llegar a la conclusión de que son minoría los maestros que persiguen y se sienten atraídos por una vida académica.

 

Actualmente es muy común que las universidades ofrezcan modelos educativos llenos de prácticas profesionales, vendiendo la idea de que así el alumno va a salir mejor preparado. Sin embargo yo considero esto una estafa. Es un buen marketing para vender una pésima idea, un win-win para la empresa que contrata alumnos y para la universidad, pero es un escenario donde el artista, diseñador, arquitecto, etc. sale pagando el pato. Esta es una estrategia muy efectiva para la universidad, que se ahorra muchísimo en cuanto a sueldos no ejercidos de maestros. Mientras tanto las empresas con quienes hacen convenios, consiguen mano de obra barata y quien les haga los mandados, mientras que los alumnos supuestamente aprenden cómo funciona el negocio.

 

 

Quiero decir que me parece importante que los alumnos tengan contacto con empresas, personas e instituciones que funcionen de manera exitosa dentro del medio mientras están estudiando. ¿Cómo estar en contra? En lo que no estoy de acuerdo es en que esas “prácticas” terminen siendo trabajos simplones que no les generen reconocimiento, en los cuales no aprendan nada y además sean mal remunerados. Es entendible que si alguien no tuvo el privilegio de estudiar una carrera en una universidad, probablemente deba empezar desde abajo y ganarse un lugar en determinada empresa. La experiencia se gana en dicho caso sobre la marcha. Pero si una persona está pagando, dedicando todo su esfuerzo y dinero por estudiar y pagar un semestre en una universidad, lo menos que ésta debería hacer es un convenio más justo y favorable para el alumno. Suena utópico, pero sería interesante que la universidad (en el caso de las privadas, con los varios millones que se mete al bolsillo por cada matrícula) destinara cierta cantidad para el sueldo de expertos que asesoren y ayuden al alumno a desarrollar proyectos, de tal manera que antes de graduarse puedan generar obras de su propia autoría. De esta forma la ventaja que supone pagar estudios se vería realmente reflejada. Con esta idea romántica se invertiría el modelo vigente y no sería el alumno quien trabajara para dicha empresa, sino que esa persona/empresa (obviamente contratada por la universidad) dedicaría algo de su tiempo y experiencia para que sus alumnos egresarán de la carrera con una verdadera ventaja. Ello haría realmente tangible el esfuerzo de pagar por educación.

 

Proyectos de formación alternativos.  

 

Existe un sitio de internet que se llama Masterclass, donde invitan a los mejores de diferentes áreas a dar cursos por internet. Si es de canto, invitan a Christina Aguilera; si es de cocina, a Gordon Ramsey; escritura de guiones a Shonda Rhymes; Steve Martin para comedia; Frank Gehry para arquitectura. Es lo que todo estudiante ha soñado: aprender de la mano de quien verdaderamente admiran. En realidad es exactamente eso lo que se suponía que debían hacer las universidades desde un principio, ¿no? ¡Esa era la idea!, pero paulatinamente se fueron transformando sólo en negocios. En cambio, los cursos - que antes tal vez se tenían como un apoyo, algo sencillo- actualmente proponen un sistema interesante que hace posible que aquellas personalidades del mundo del arte que admiramos, puedan acomodar su tiempo y apegarse a un modelo que les permita comprometerse con la formación de las siguientes generaciones. Por supuesto, como en todo y ahora con tanta demanda, hay cursos muy buenos y otros muy malos. Hay que saber escoger.

 

 

Tal vez sea difícil convencer a un artista altamente reconocido a que se comprometa (un año por lo menos) con un programa universitario, pero sí es posible que lo haga una semana o dos o incluso seis meses a dar un curso o una tutoría. Otra ventaja de los cursos es que los alumnos pueden escoger las materias de lo que realmente quieren aprender. Por lo general los estudiantes cuando se gradúan coinciden con que sólo tuvieron unas pocas materias que de verdad les parecieron relevantes dentro de su formación. Habitualmente les parece que las demás materias fueron un mero requisito. Y es que si al final un diploma no hace al artista y la universidad sólo ofrece un montón de cursos malos alrededor de unos pocos buenos, son los cursos los que se convierten en una oportunidad de tener una formación real y justa.

 

Arte y educación:

 

No puedo estar más de acuerdo con lo que dice María Acaso en una entrevista que le hicieron para Artishock: “Yo considero que hay una efervescencia en cuanto a lo educativo en general. Creo que es un lugar común la idea de que tenemos que abandonar el paradigma anterior y llegar al paradigma nuevo. Esto ya se ha dicho catorce mil veces, no es nada nuevo. Entonces, se está empezando a ver que este cambio de paradigma, que afecta a la educación en general, hay que hacerlo en la educación de las artes.”  Esta efervescencia de la que habla Acaso, es lo que ha motivado a diferentes personas dentro del arte para generar nuevos foros y espacios, que buscan suplir las necesidades de conocimiento de las personas. En mi caso, con la creación de LARSCHOOL en Monterrey, ofrecemos cursos en áreas “desatendidas” -por decirlo de alguna manera- por los programas académicos artísticos. Algunos de nuestros talleres y cursos abordan temas prácticos como: creación del portafolio, escritura de textos artísticos, educación financiera para artistas, etcétera; u otros mucho más orientados a la teoría, filosofía e historia, que apuntan al desarrollo e investigación de estudios de género, estéticos o históricos.

 

Me parece que estamos viviendo una transformación y esto se debe en gran medida al debate iniciado en foros que se han abierto para hablar sobre la educación en y desde el arte, así como a través de diferentes tipos de plataformas, sean artículos y columnas en los medios de comunicación o por medio del diálogo. Existe por ejemplo un proyecto genial llamado Tablero en el que se unen dos instituciones: NC-Arte en Bogotá y el museo Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) en Buenos Aires para invitar a varios profesionales como Gabriel Pérez-Barreiro, José Roca, Andrea Giunta, Mónica Hoff, entre muchos otros, a dar sus opiniones sobre el tema. Más allá de las visiones de cada uno, lo que se vuelve interesante en dicho proyecto es el ejercicio mismo de escuchar diferentes opiniones sobre un mismo tema, y que pueden oscilar por ejemplo en interpretaciones del arte como herramienta de educación (o curaduría pedagógica, como algunos lo llaman) o la educación del arte como un set de herramientas para el artista.

 

 

 

Otra cosa importante que hay que analizar es que las escuelas alternativas de arte han tomado fuerza justamente porque el interés por el arte se ha expandido a otras áreas de interés y disciplinas dentro de la sociedad. Eso se lo debemos a las ferias de arte que generan mucha curiosidad, así como a los corredores culturales -como es el caso del Corredor Cultural Roma Condesa en Ciudad de México- o eventos que se replican en diferentes ciudades. Es el caso del Gallery Weekend o la recientemente lanzada feria ARTBO, ARTBO FDS (fin de semana), que se convierten en iniciativas interesantes que llegan a muchísimas personas. Cada día nace un museo nuevo y en los que existen desde hace mucho tiempo, los números de visitas rompen records año tras año. Las páginas de internet y los medios de comunicación especializados, cada vez se inventan formas más dinámicas y entretenidas de ver arte sin sacrificar el nivel de contenidos, como por ejemplo Art21 con sus minidocumentales de artistas. Todos estos casos tienen que ver con cuestiones de lenguaje, y aspiran a ser percibidos cada vez en forma más accesible. Son muchos factores los que han influído para que personas provenientes de otras disciplinas o intereses se entusiasmen por el tema y pidan a gritos foros para aprender más sobre arte.  

 

A continuación dejo una serie de links a proyectos que en lo personal, me parecen muy valiosos y que con el tiempo, con el equipo de redacción de LARMAGAZINE, iremos complementando con entrevistas a sus creadores e iremos actualizando conforme las vayamos haciendo.

 

 

LARSCHOOL

 

Validadero Artístico

 

SOMA

 

Centro Cultural Border

 

Escuela Flora

 

Node Center

 

Atelier Romo

 

Escuela Incierta (Lugar a Dudas)

 

Gimnasio del Arte

 

Fototeca (Guatemala)

 

Blank Paper

 

Taller Multinacional

 

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