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THE EMOJI AS A CONTEMPORARY HIEROGLYPHS

January 23, 2019

 

 Previously published in LARMAGAZINE.025 Language and Techology

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In the mid-90s, the Japanese telephone company Docomo began experimenting with a new symbology for written communication. Through his experimentation, Shigetaka Kurita found that an efficient way of communication could be through small images that economize words and were clear at the same time; thus were born the first emojis.

 

First they were supposed to be simple images that could share emotions; that’s why the smiley face infiltrated so deeply in the 90s pop culture. But as urban languages started to develop through emoticons and emojis, they left their informal character behind to consolidate a new method of communication which, next to geographical languages and binary programming, would be effective in the internet.

 

Today, emojis are part of our daily life, and they are associated as a complement for written communication, but in order to understand their connotation and transformation it is necessary to know two things: who is their developer, and what linguistic consequences do they entail? The first answer, much simpler than the second one, is Unicode, an encoding standard that covers not only letters, but symbols, numbers and emojis; it is in charge of sorting and stabilizing the global writing system and the electronic language. In a way, Unicode determines the usage, function and addition of emojis globally, and seeks to respond to the user’s needs, in this case, through data analysis. In other words, Unicode defines the usage of elements within the digital writing. The second answer goes further into what we can define nowadays; however, part of the linguistic consequences that have been noted go from substituting short phrases for emojis, to the innovation in creative writing —such as the exercise of translating the literature classic Moby Dick to emojis by Fred Benenson—, going through, of course, a subtle wave of global communication that becomes clear in apps such as Instagram, Snapchat, and even in forums like Reddit.

 

The solution to the excessive use of characters the emoji entails goes back to an episode of humanity where the image became the first element of advanced language: the Stone Age.

 

Cave paintings are maybe the clearest example of the need to share and teach that which made up the daily life of their creators, with such brilliant examples as those expressed in the Lascaux Cave in France, or the Ichic Tiog Cave in Peru. Clearly, societies evolved majorly due to their cognitive capacity, and their abilities for accessing information. In a short time, those drawings evolved into petroglyphs and engravings of every kind that, with their sedentary nature, became objects of collective knowledge and for that matter, of language evolution. One of the first cultures to solidify a written language through images or hieroglyphs was undoubtedly the Egyptian, which developed and understood the potential of creating a system of symbols that would not answer to phonetic or alphabetic values, but to the capacity of understanding through common figures that answer to events of the daily existence. In this same page, the emoji fancies itself as the reappropriation of these symbolic means that, by definition, based their comprehension in the capacity of interpretation, perhaps, almost like a riddle.

The establishment of this dichotomy —that seems impossible— between the emoji and the hieroglyphic was born precisely from the wave that started as an alternative to the use of short phrases, and that little by little started gaining greater and deeper meanings for contemporary communication. For example, according to a data analysis carried out by Swiftkey in 2015, it is possible to obtain indirect data if one knows the usage of emojis in specific areas; in this case, the analysis was made globally defining which emojis were the most used, and with that, the average age of those that use digital messaging systems, their activities and general tastes.

 

Spaces like emojitracker.com have pushed the limits to summarize, in a subtle manner, that the use of emojis always falls on —one way or another— the intention of sharing feelings and emotions. There is no doubt that expressing emotions is one of the most complex parts of verbal and written communications, and with the speed that we flow today, emojis have opened many possibilities for complex communications.

 

Clearly, it is not the same to say “it’s ok” than “it’s ok J.” The evolution posed by the reusage of visual lexicon directs the digital language to a point where sharing an opinion globally becomes affordable, as well as the expression of complex thoughts and/or emotions through the empathy of using the emoji as a symbol complementary to writing, one that goes beyond any language.

 

 

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A mediados de la década de los 90s, la compañía telefónica japonesa Docomo empezó a experimentar con una nueva simbología para la comunicación escrita. Dentro de sus experimentaciones, Shigetaka Kurita resumió que una manera eficiente de comunicar podría ser a través de pequeñas imágenes que ahorraran palabras y fueran claras al mismo tiempo; así es como nacieron los primeros emojis.

 

En un inicio se hablaba de imágenes simples que fueran capaces de compartir emociones, de ahí que el smiley face se infiltrara tan adentro de la cultura popular de los 90s. Pero conforme se fueron desarrollando lenguajes urbanos a partir del emoticón y el emoji, éstos dejaron atrás su carácter informal para consolidar un nuevo método de comunicación que, junto a los idiomas geográficos y la programación binaria, resultara efectivo dentro del internet.

 

Actualmente el emoji forma parte de nuestra vida diaria y se asocia como complemento de la comunicación escrita, pero para entender su connotación y transformación es necesario conocer dos cosas: ¿quién es su desarrollador, y qué consecuencias lingüísticas conlleva? La primera respuesta, mucho más sencilla que la segunda, es Unicode, un estándar de codificación que no abarca solo letras, sino también símbolos, números y emojis; se encarga de filtrar y proporcionar estabilidad al sistema global de escritura y lenguaje electrónico. De cierta forma, Unicode determina el uso, función y adición de los emojis a nivel global, y busca responder a las necesidades de los usuarios, en este caso, a través de un análisis de datos. En otras palabras, Unicode define el uso de elementos dentro de la escritura digital. La segunda respuesta va más allá de lo que podemos definir hoy en día, sin embargo, parte de las consecuencias lingüísticas que se han hecho notar van desde la sustitución del uso de frases cortas por emojis, hasta la innovación en la escritura creativa —como el ejercicio de traducir el clásico de la literatura Moby Dick a emojis llevado a cabo por Fred Benenson— pasando, por supuesto, por una ligera ola de comunicación global a través de los mismos que se hace clara en aplicaciones como Instagram, Snapchat, e incluso en foros como Reddit.

 

La solución al uso excesivo de caracteres que supone el emoji se remonta a un episodio de la humanidad donde la imagen se convirtió en el primer elemento de lenguaje avanzado: la época de las cavernas.

 

Las pinturas rupestres son quizá el ejemplo más claro de la necesidad por compartir y enseñar aquello que conformaba la vida diaria de sus creadores, con ejemplos tan brillantes como aquellos plasmados en la cueva de Lascaux, en Francia, o la de Ichic Tiog, en Perú. Es claro que las sociedades evolucionaron en mayor medida por su capacidad cognitiva y de acceso a la información. En poco tiempo, estos dibujos evolucionaron a petroglifos y grabados de todo tipo, que con el sedentarismo se convirtieron en objetos de conocimiento colectivo y, por ende, de evolución del lenguaje. Sin duda una de las primeras culturas en solidificar un lenguaje escrito a través de imágenes o jeroglíficos fue la egipcia, misma que desarrolló y comprendió el potencial de la creación de un sistema de símbolos que no respondiera a valores fonéticos ni alfabéticos, sino a la capacidad de entendimiento a través de figuras comunes que responden a eventos de la cotidianeidad. En este mismo tenor, el emoji se antoja como la reapropiación de éstos medios simbólicos que, por definición, basan su compresión en la capacidad de interpretación, quizá, casi como un acertijo.

 

El establecimiento de esta dicotomía —que se antoja imposible— entre el emoji y el jeroglífico nace precisamente de aquella ola que empezó como una alternativa al uso de frases cortas, y que poco a poco fue haciéndose de mayores y más profundos significados para la comunicación contemporánea. Por ejemplo, según un análisis de datos llevados a cabo en 2015 por Swiftkey, es posible obtener datos indirectos si se conoce el uso de emojis en áreas determinadas; en este caso, el análisis fue realizado a nivel global definiendo qué emojis eran los más usados, y con ello la edad promedio de quienes utilizaban sistemas de mensajería digital, sus actividades y gustos generales.

 

Espacios como emojitracker.com han empujado los límites para resumir, de manera sutil, que el uso de emojis siempre recae —de una manera o de otra— en la intención de compartir sentimientos y emociones. Sin duda el externar emociones ha sido uno de los puntos más complejos de la comunicación verbal y escrita, y para la velocidad con la que fluimos actualmente, los emojis han abierto varias posibilidades en cuanto a comunicación compleja se refiere.

Es claro que no es lo mismo un “está bien J”, a un “está bien”. La evolución que propone la reutilización de léxicos visuales encamina el lenguaje digital a un punto donde compartir una opinión de manera global se vuelve asequible, así como la externalización de pensamientos y/o emociones complejas a partir de la empatía que supone el uso del emoji como símbolo complementario a la escritura, y que va más allá de cualquier idioma.


 

 

 

 

 

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