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INTERVIEW / ENTREVISTA CON SANTIAGO SIERRA

March 10, 2019

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Línea de 30  cm. tatuada sobre una persona remunerada. Calle Regina 51. Ciudad de México, Mayo 1998

 

Catalina: Con todo y lo controversial que puede llegar a ser tu obra, te has ganado un puesto muy merecido dentro de la historia del arte. ¿Cómo percibes la lectura de tu trabajo en el público especializado y no especializado en el arte?

 

Siempre fueron lecturas polarizadas que van del blanco al negro con escasos tonos intermedios. Decía mi colega la artista Pilar Villela que mi trabajo es un veneno rápido y un bálsamo lento. En efecto las primeras lecturas ante un nuevo trabajo mío y me refiero a las primeras en publicarse suelen ser reacciones viscerales, punitivas y las lecturas más sobrias vienen luego poco a poco. A veces mi trabajo es tomado como una sucesión de escándalos lucrativos y otras como un valioso testimonio de nuestro tiempo. Tal vez no sea tanto mi obra sino nuestra sociedad el elemento de polarización. Nuestro público es muy diverso y no lo es sólo por su nivel de especialización, sino ante todo por su posición en la jugada. No sólo nos visitan desde la universidad, también y sobre todo desde los grupos sociales más favorecidos y a estos últimos no les agrada según qué cosas.
 

Catalina: El arte político siempre es urgente porque siembra reflexiones y posturas críticas, pero ¿Crees que pueda llegar a cambiar de manera tangible una sociedad, una estructura o sistema de poder?

 

Siempre he dicho que poco puede hacer un cuadro frente a la bomba atómica. Matar es más eficiente que seducir pero eso no hace nuestra actividad carente de capacidad de actuación. El arte es poderoso a su manera o qué sería del Papa de Roma sin su basílica de San Pedro. En cualquier caso lo único que cambiará el mundo, si acaso cambia un día, será la autoorganización de la sociedad, toda la sociedad, también los artistas.

Obstruction of a Freeway with a Trailer Truck,1998

 

Catalina: Hay quienes te visualizan como un artista que está dispuesto a personificar los mismos mecanismos que utiliza “el mal”  (o lo que está mal en la sociedad) para lograr un impacto, un rechazo, una postura crítica en las personas. A veces ese rechazo se dirige a la problemática que abordas con cada proyecto y otras, se dirige a ti como responsable de la acción que sucede en ellos. Me imagino que es algo que tienes que enfrentar constantemente, ¿No? ¿Qué dirías al respecto?

 

La idea es repetir el mal en dosis homeopáticas y darle luego toda la fuerza estética al acto, dotarlo de intensidad. Hacer de la nimiedad de masturbarse o meterse en una caja un acto inaceptable. La obra de arte se produce en la cabeza del espectador, así que procuro no calmarle. Privarle de su final feliz. Me gusta este método porque en realidad no ocurre nada a este lado de la realidad o no mucho. Todo está en la mente del observador. Es una metodología criticable, cómo no, pero muy efectiva. Una manera de poner temas en la mesa y hacer imposible ignorarlos. Por otra parte lo que no me gusta de los artistas que tratan dramas sociales o políticos es que el artista siempre se salva y se muestra a sí mismo como libre de mácula, casi como mesías. El ejemplo más atroz y sospechoso lo ofrece Bono, el cantante de U2. Yo prefiero dejar claro que no estoy hablando desde la santidad.
 

Catalina: Las personas que conforman tus proyectos, vienen de unas realidades muy duras, las cuales presentas en tus proyectos de una manera fría y cruel, como lo es el sistema mismo al que aludes. Tú, ya no como artista sino como persona ¿Te llegas a conmover? ¿Has logrado establecer algún tipo de relación con las personas que acceden a participar en tus proyectos, más allá de un contrato laboral, una vez concluidos?
 

No me gusta hablar de mis sentimientos, tampoco de mí o de lo que sucede en bambalinas con mis proyectos, prefiero verme a mí mismo como un narrador omnisciente del siglo XXI.

 

 Wall of a Gallery Pulled Out, Inclined 60 degrees from the Ground and Sustained by five People.
Acceso  A. México, abril , 2000

 

Catalina: Se caracteriza esta última década por el crecimiento exponencial en el número de millonarios en el mundo. Esto incide directamente en el mercado del arte, las instituciones y las cúpulas de poder; un efecto que se deja ver en la pululación de museos privados y mega galerías, en contraste con las instituciones públicas que tienen presupuestos raquíticos. Tú, que abiertamente has hecho pública tu postura crítica frente las esferas de poder dentro de este campo profesional¿Qué opinión tienes sobre el panorama actual?

 

Un día los millonarios descubrieron cómo dejar de ser llamados explotadores y se hicieron coleccionistas. Ahora son considerados protectores de las artes, benefactores, gente sofisticada y de mundo. Fotografiables y admirables. Se lo contaron a sus amigos millonarios y muy pronto el mundo se llenó de ferias de arte y galerías. Y esa es la historia del arte del siglo XXI.
 

Catalina: Al inicio de tu carrera, empezaste haciendo referencia al trabajo y últimamente, se ha acercado mucho al tema de los presos y los migrantes. No es un secreto que en muchos países, una de las formas de sacar mano de obra barata es a través de la encarcelación injusta de personas - por lo general migrantes y minorías- para usarlas como fuerza de trabajo. ¿Crees posible que esa distorsión del concepto trabajo en encarcelamiento se haya visto reflejada en la evolución misma de tu trabajo?

 


La sociedad entera está compuesta por presos. El trabajo es la verdadera dictadura y la cárcel más cotidiana. Se diferencia en que al final del día vuelves a la celda que tu mismo te pagas trabajando. La cárcel con rejas es la forma laboral más extrema, como lo son la prostitución o el ejército. Todos vivimos recluidos en un sistema injusto, cruel y desigual en sus oportunidades. El mundo es un gigantesco panóptico con carceleros y presos. Nuestra sociedad es un ámbito de convivencia insalubre. No importa si en tu celda se está mejor que en la del pasillo de al lado, estás en una cárcel igual. Ningún miembro de la sociedad puede ser libre si no lo son todos. La libertad es para todos o para nadie. En realidad te estoy respondiendo con frases que encontrarás escritas en cualquier excusado del panóptico. Las cárceles, todas, son una infamia inaceptable.

 

10 €, Performance by Santiago Sierra at the PAC Padiglione d'Arte Contemporanea in Milan, Italy. March 2017.

 

Catalina:  Por último, cuéntanos un poco sobre los proyectos que tienes en puerta.

 

En mayo expondré mis últimos trabajos con Helga de Alvear en Madrid y en Noviembre en la galería Labor presentaremos el resultado de una obra procesual realizada durante un año en ciudad de México. Estamos también trabajando con proyectos nuevos en Tijuana y Nueva Delhi. Y en quemar al Rey de España, esperamos poderlo quemar en menos de un año.
 

Interview with Santiago Sierra

By Catalina Restrepo L

 

Line of 250 cm. Tattooed on Six Remunerated People, 1999

 

Catalina: Considering how controversial your work can be, you’ve earned a well-deserved spot in art history. How do you perceive the reading of your work in and outside of the art world?
 

Santiago Sierra: They were always polarized readings that go from black to white with few middle ground views. My colleague, artist Pilar Villela, said my work is a quick venom and a slow balm. The first reactions to my work are visceral, pointed; the soberer reactions come later, little by little. Sometimes my work is taken as a succession of lucrative scandals and other times as a valuable testimony of our time. Maybe it’s not my work but our society what makes it polarized. Our public is very diverse and it’s not because of its level of specialization but rather because of its role in the game. Not only do they visit us from universities but also, and above all, from favored social groups and it doesn’t always sit well with them.

 

Catalina: Political art is always urgent because it plants reflections and critical postures, but do you think it could tangibly change a society, structure or system of power?


Santiago Sierra: I’ve always said that little can a painting do by confronting an atomic bomb. Killing is more efficient than seducing but that doesn’t make our activity void of capacity for action. Art is powerful in its own way; what would be of the Pope in Rome without his St. Peter’s Basilica? In any case, the only thing that could change the world, if it ever does, would be the self-organization of society, all of it, even artists.

 

Catalina: There are those that visualize you as an artist that is willing to personify the very mechanisms that use “evil” (or what is wrong in society), in order to have an impact; get a rejection, a critical posture from people. Sometimes that rejection is directed towards the very problem you are confronting in each project and other times towards you as the responsible one for the action that is thrust upon them. I would imagine this is something you have to constantly deal with. Right? What would you say to that?
 

Santiago Sierra: The idea is to repeat evil in homeopathic doses and give full aesthetic strength to the act; dote it with intensity. Make the insignificant act of masturbation or fitting yourself into a box, an unacceptable one. A work of art is produced in the mind of the spectator. In that way, I don’t look to ease. Deprive them of a happy ending. I like this method because it doesn’t happen in life, or at least not much. It’s all in the mind of the observer. It’s a method prone to criticism, how can it not be, but an effective one. It’s a way of putting things on the table and making it impossible to ignore. However, what I don’t like about artists that deal with social drama or politics is that the artist is always safe and demonstrates to be free from injury, like a messiah. The most atrocious and suspicious example is Bono, singer from U2. I rather be clear that I am not speaking from a point of saintliness.

 

Catalina: People that make up your work come from harsh realities which you present in your work in a cold and cruel way, the same way the systems you allude to do. Are you, not as an artist but as a person, moved by this? Have you managed to establish a relationship with the people that participate in your projects beyond the labor contract, once the project has concluded?

 

Santiago Sierra: I don’t like to take about my feelings, nor about myself or what happens behind curtains in my projects. I rather see myself as an omniscient narrator of the XXI century.

 

Catalina: This last decade is characterized by the exponential growth in the number of millionaires in the world. This directly coincides with the art market, institutions, and the various domes of power; something that is visible in the abundance of private museums and mega galleries contrast to public institutions where their budget is minimal. As someone who has made their critical stance public in the face of the powerful in this professional field, what is your opinion of the present?

 

Santiago Sierra: One day millionaires discovered how to detach themselves from the label “exploiters” and they became “collectors”. Now they are considered protectors of the arts, benefactors, sophisticated people and worldly. Photographable and admirable. They told their millionaire friends and very soon, the world was filled with art fairs and galleries. And that is the story of art in the XXI century.

 

 

586 Hours of Work. Plaza de las Veletas. Caceres, Spain. April, 2004

 

Catalina: At the beginning of your career you began by making references to “work” and lately, it’s gotten closer to the theme of prisoners and migrants. It’s no secret that many countries find cheap labor through unfair imprisonment- particularly migrants and minorities- to use them as a workforce. Do you think possible that this evolution in the concept of work is reflected in the evolution of your own work?

 

Santiago Sierra: Society is made up of prisoners. Work is the true dictatorship and the daily prison. It differs in that; at the end of the day, you return to the cell you yourself pay for through work. A cell with bars is the most extreme form of labor, as is prostitution or the army. We’re all living secluded in an unfair system, cruel, and unequal in its opportunities. The world is a gigantic panoptic of jailers and inmates. Our society is an environment of unhealthy interactions. It doesn’t matter that your cell is better than the one across the hall, it’s a cell nonetheless. No member of a society can be free without the freedom of all. Freedom is for everyone or no one. The truth is, I’m responding with phrases you’ll find in any bathroom graffiti within any panoptic. Prisons, all of them are an unacceptable disgrace.

 

Catalina: Lastly, tell us a little about the projects you’re currently working on.
 

Santiago Sierra: In May, I’ll be showing one of my latest works with Helga de Alvear in Madrid and in November, at Labor gallery, we will present the result of a procedural work produced during a year in Mexico City.  We’re also working on new projects in Tijuana and New Deli. The Spanish King burning, we hope to do it in less than a year.

 

 

 

 

 

 

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