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Revisión de una predicción a veinte años. Algunas condiciones de la producción artística en Monterrey en 2018

April 11, 2018

 

Colectivo Marcela y Gina

Conejas,1998

Ación en estudio de fotografía

Foto de estudio. Monterrey

Cortesía Marcela Quiroga

 

 

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En un escenario futuro, quizás en menos de veinte años, Monterrey y sus conurbados habrán de convertirse en uno de los centros más importantes de producción artística en Latinoamérica.

Enrique Ruiz Acosta, El urbano panorama del arte.

 

 

En los períodos de mayo de 1997 a enero de 1998 Enrique Ruiz escribió tres artículos consecutivos para la revista Armas y Letras en su columna “Artes plásticas”. En ellos se abordan las problemáticas que Ruiz identificaba como obstáculos al desarrollo de las artes visuales o del establecimiento de Monterrey como un panorama de arte contemporáneo. Se habla sobre las áreas de oportunidad en cuanto a la formación de artistas, la subordinación de la producción artística a un mercado que si bien se presentaba atractivo, limitaba sus alcances conceptuales y discursivos, la competencia voraz por el éxito que propiciaba el individualismo de los actores del arte, la idílica búsqueda de la originalidad como obsoleta garantía del valor de la pieza y la carencia de una comunidad o gremio, un plano común donde ejercieran los artistas estableciendo puentes de diálogo, foros de discusión o por lo menos interconexiones entre la producción.

    La postura de Ruiz es a veces brutalmente franca en cuanto al estado del arte en Monterrey, aborda incluso el tema de la falta de una identidad cultural o histórica, ¿realmente hay arte regiomontano? ¿Qué es lo que define a una constante competencia maratónica donde participan artistas de varias generaciones y sub-contextos? Se puede entrever que es un escenario de cambio e inestabilidad, una pesada tradición pictórica que parece anclar los ejes de mercado y distribución que de cierta forma no permite que otras disciplinas se desarrollen.

    

La frase del epígrafe continúa diciendo que un factor importante para que se dé el esperado auge en el escenario futuro a 20 años serán las grandes colecciones, las nuevas oportunidades y la búsqueda de medios propios. La lectura de esas líneas en 2017 plantea el cuestionamiento, ¿qué direcciones se tomaron y en dónde nos encontramos con referencia a esa predicción?

    

La pregunta viene de un trasfondo de un período de aproximadamente 2 años de cercanía al ámbito artístico, que comprende documentación formal e informal, lectura de artículos y crónicas, revistas e investigaciones y charlas con artistas emergentes y con artistas que ejercían en el 97 y lo siguen haciendo a la fecha. La metodología para abordarla es un tanto flexible ya que este escrito es una suerte de reflexión, no se deja de lado por completo el aspecto especulativo ya que a fin de cuentas se escribe del presente con base en un enunciado a su vez especulativo.

    

En una entrevista con Lourdes Nava del colectivo La Lucha Libre para un programa de la Facultad de Artes Visuales de la UANL ella explicaba cómo su trabajo estuvo siempre vinculado a los avances de la tecnología, y cómo enfrentaban la carencia de equipo y soportes en cuanto a montaje que padecían los espacios de exposición, era complicado pensar en tener al alcance pantallas o proyectores, por ejemplo. Marcela Quiroga también ha comentado poco sobre la inaccesibilidad de los espacios, o la falta de ellos. (M. Quiroga, comunicación personal, 21 de noviembre de 2017). Pertenecientes a una corriente que se reconoció de ruptura, los artistas emergentes de la época de finales de los noventa salieron a la calle a posesionar, a buscar lugares donde no había, a lograr que las grandes instituciones o escenarios de validación voltearan a ver lo que estaban haciendo y determinaran en algún punto que tenían cabida dentro de lo que reseñaban.

    

Los artistas de los 90 se volvieron maestros en las escuelas de artes y activos personajes de la escena artística que legaron la práctica del arte contextual, de la intervención en el espacio público, el uso de tecnologías y la relación con el espectador a las generaciones consiguientes. Las formas de hacer que en su momento fueron descubiertas y planteadas pasaron a ser reapropiadas y desarrolladas por los nuevos objetos y los nuevos artistas. Por ejemplo, el uso de la tecnología es un recurso representativo del trabajo de las generaciones actuales tanto para la producción de obra como para su distribución, socialización y circulación.

 

 

Colectivo Marcela y Gina

Putas chops, 1999

Acción en la Galería Bf 15

polaroid y fotografía color, Monterrey

Cortesía Marcela Quiroga

 

Se reconoce que Enrique Ruiz logró promover la relevancia del discurso y trasfondo de la obra del arte ya que es algo que ahora las mallas curriculares de las escuelas consideran indispensable. Clases enteras consisten en círculos de crítica de alumnos que cuestionan y buscan justificar sus propias propuestas. El trasfondo teórico, anecdótico, investigativo o de observación se han vuelto ámbitos que se busca identificar detrás de la pieza para darle sustento y respuesta al eterno redundar del por qué y para qué del objeto. El fomento a la crítica y la reflexión es evidente.

    

El modelo de bienal o certamen aun impera en nuestra ciudad; los premios de adquisición implican que las colecciones aumentan en número, pero es cuestionable su aumento en calidad o relevancia. Los artistas seguimos compitiendo como explicaba Enrique Ruiz, seguimos intentando cumplir con fechas límites y por más cínico que parezca podría hacerse un análisis y no sería tan sorprendente descubrir que nos volvemos más productivos las semanas previas a la conclusión del plazo de una convocatoria. La Reseña de la plástica de Nuevo León cumplió sus 4 décadas en esta emisión 2017 sin perder mucho de su característica de evento mediático. Definitivamente ha cambiado con el tiempo, así como han cambiado las necesidades a las que responde y la recepción del público. Habría que cuestionarse el rol que juega como memoria histórica del arte regiomontano, (si es que ya es de alguna manera concreto o real ese término) o si esa es su prioridad. El caso es que esa creciente colección, si manejara un programa de exposiciones que sirviera para difundirla, tal vez serviría para encontrar cierto hilo de identidad regional artística, para distinguir los cambios en la producción e ir identificando períodos de aparición de nuevas disciplinas, inserción de nuevas tecnologías o repetición de temáticas. La colección como apuntaba Ruiz, existe, pero si la Reseña fuera más allá del día de la inauguración y se comprometiera con facilitar la generación de diversas lecturas historiográficas o revisionistas a partir de la exhibición, otros momentos de diálogo podrían darse.

    

Jorge Aguinaga Cueto en su artículo “La (no)producción en torno al arte y la esfera pública” explica que el arte ha terminado por convertirse en uno de los principales ingredientes de la industria del ocio y esto se refleja no solo en la manera en que circulan las obras de arte dentro del mercado sino en la rentabilidad de los grandes eventos culturales, bienales, muestras, fórum de las culturas, ferias o convenciones, entre otras cosas. Es posible que este fenómeno se haya dado en cierto grado en Monterrey en el curso de 20 años; la inauguración de los grandes eventos podría ser a veces el escenario de alfombra roja donde coinciden los intereses económicos, políticos y sociales y, en menor medida, los estéticos y críticos.

 

 

 

La segunda parte de la predicción de Enrique Ruiz apunta hacia la expansión de las oportunidades. Hoy existen en la ciudad varios espacios de diferentes categorías; estrictamente institucionales, dirigidos por artistas con patrocinios de instituciones, galerías o espacios comerciales y espacios independientes. No sería posible decir que no hay opciones. Las hay y son variadas; algunas son abiertas a propuestas jóvenes. Los artistas de los 90 con su inconformidad y ánimo de ser visibles nos heredaron la idea de que, si no hay, entonces hay que hacerlo. Ahora es común que en un solo día se acumulen los eventos; puede haber una charla en Marco al mismo tiempo que una inauguración en NoAutomático y un evento en algún espacio autogestivo dirigido por artistas jóvenes. Es de celebrar que es un tiempo bastante accesible para ser un artista emergente en Monterrey, precisamente porque existen muchas oportunidades y la posibilidad de ofrecer cada vez más.

 

En cuanto a la consolidación de comunidad(es) artísticas lo que he podido experimentar es que sí hay esfuerzos por compartir conocimiento u opiniones. Un ejemplo significativo es el hecho de que en 2017 iniciaron proyectos que involucraban a alumnos de la facultad de artes de la UANL con los de la UDEM, no con recelo o ánimo de competencia, sino como un ejercicio de reflexión en el otro, un reconocer en el otro las propias debilidades y aptitudes y encontrar cómo crecer en conjunto. Tal vez ahora existe cierto eco, un sentimiento de que lo que se enuncia es considerado, analizado e incluso replicado por personas cercanas que forman parte de los mismos círculos, que producen y que tienen frente a ellos una cantidad similar de oportunidades.

    

En conclusión, es arriesgado asegurar que en estos veinte años Monterrey y sus conurbados se convirtieron en uno de los centros más importantes de producción artística en Latinoamérica porque los modelos de producción, distribución e incluso socialización del arte que estaban vigentes en el 97 nos fueron heredados y permanecen a la fecha con algunas (a veces mínimas) alteraciones. Las colecciones crecieron, tal vez dentro de los almacenes; la originalidad es un mito que se ha dejado de perseguir y que se ha llegado a rechazar; la educación ha seguido el camino de la especialización disciplinar con sus pros y contras y las comunidades se han ido consolidando con lazos que se crean y se cortan con el paso del tiempo, el individualismo en cuanto a la competitividad con el otro tal vez se ha aminorado o se manifiesta de maneras sutiles, pero sigue presente y lo seguirá en tanto haya convocatorias y premios únicos de adquisición. El campo de acción siguió y seguirá siendo la ciudad misma y las oportunidades para el futuro desarrollo del arte contemporáneo en ella son, sin duda, cada vez mayores.

 

 

 

Referencias

Aguinaga Cueto, J. (2014). La (no)producción en torno al arte y la esfera pública. AusArt Journal for Research in Art, 3(2), 188-197.

Millán Valdés, R. (2009, Diciembre 1). Sistema global del arte: Museos de arte contemporáneo, bienales y ferias como mecanismos de posicionamiento urbano en los circuitos globales de intercambio. EURE (Santiago), 155-169.

Moyssén Lechuga, X., Ruiz, E., & Salazar, H. (2000). El tiempo del arte. En Artes Plásticas de Nuevo León 100 Años de Historia. Monterrey, México: Museo de Monterrey.

Nava, L. (2017, Septiembre 29) Entrevista en MADE BY, Facultad de Artes Visuales, Universidad Autónoma de Nuevo León.

Ramírez, E. (2009). El Triunfo de la Cultura. Monterrey, México: Fondo Editorial de Nuevo León.

Ruiz Acosta, E. (1997, Mayo-Junio). El urbano panorama del arte. Armas y Letras, 57-59.

Ruiz Acosta, E. (1997, Septiembre-Octubre). Tres problemas del arte regiomontano. Armas y Letras, 66-69.

Ruiz Acosta, E. (1998, Enero-Febrero). Estimular el arte en Monterrey. Una aproximación a lo artístico en crisis. Armas y Letras, 61-64.

 

 

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